Guillermo Lasso ha ganado las elecciones y no hay nada que festejar. Desde el fraude perpetrado a Yaku, los sectores sociales nos econtramos ante la falsa disyuntiva de compartir la cama con el correísmo o con la otra derecha conservadora. Debíamos elegir entre ser la oposición de Lasso, compartiendo posiciones con el correísmo; o estar en la oposición de Correa, compartiendo el relato con el conservadurismo liberal. Ambas opciones siempre fueron una trampa. Ambos caminos pretendían utilizar la lucha social y a sus actores como carne de cañón para una disputa ficticia por el poder. Las demandas de los sectores sociales no son, y nunca fueron, compatibles con los intereses del poder local y transnacional, ese de Lasso y de Correa. La defensa del agua, de la vida, de la libertad sexual, de los derechos humanos, nunca fueron compatibles con proyectos políticos que despedazaron estos derechos y estas libertades.

Hoy, como muchas otras veces, tenemos un escenario en el que el relato que está en disputa es el del indivudualismo versus el del actor social, colectivo y solidario. Las semillas del relato individualista, ese del “ricos hechos a sí mismos” y del emprededurismo, han germinado y se vuelven a enfrentar al relato de los derechos de los trabajadores, de los salarios dignos y de la necesidad de la organización colectiva. Si Correa inició el camino, dividiendo la organización social con un falso discurso de izquierda y socialismo, Lasso viene a rematar, elmininando todo lo que queda con el discurso de las libertades individuales y la properidad. Y en este escenario, no debemos olvidar que si Correa fue la cima de la represión y el autoritarismo en lo que va de este siglo, Lasso viene acompañado y en alianza con los herederos socialcristianos de Febres-Cordero. No cabe sino esperar también autoritarismo y represión del que usó como lema de campaña “el Ecuador del encuentro”.

Hoy estamos en la trinchera de enfrente y habrá que plantar cara a esta arremetida. Pero, como decía el poeta Merchal “del laberinto se sale por arriba”. Yaku demostró que una opción que enlace los intereses sociales del campo y la ciudad es posible y es real. Esta vez hay un bloque del movimiento indígena muy fuerte en la asamblea y ese peso tiene hacerse valer. La lucha, por primera vez en mucho tiempo, está dentro y fuera de las instituciones. La organización gremial, barrial, sindical, comunitaria no es opcional. La unidad de los representantes de Pachakutik en la Asamblea en defensa de los intereses de los sectores sociales no es opcional. La fiscalización y el bloqueo por todas las vías del saqueo del agua y los recursos naturales no son opcionales. Y ante el individualismo solo queda la solidadridad, la fraternidad, la sororidad y la empatía. Para los sectores sociales, estas elecciones no representan sino el último día del correísmo, y el primero de lo mismo.

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