FOTO – México: Marcha agosto 2019. No nos cuidan, nos cuidamos nosotras. Fuente: https://caracolenmovimiento.com. Publicado en: “La lucha de las mujeres y la marcha del 16 de agosto (Feminismo en México: fuerza, lucha y justicia)” 26 agosto 2019


“Se vio con mucha claridad cómo iban tomando la voz. No solo daban de comer, no solo organizaban, no solo reproducían la vida en medio de la lucha. Eso ya lo hacían antes. Ahora toman la voz, escuchan lo que ellas dicen, guían la discusión y, además, son súper hábiles para generar vínculos con otras… Antes poníamos el huevo, pero igual no lo cacareábamos, ahora sabemos cómo cacarearlo.” (Raquel Gutiérrez Aguilar, 2019)

Club de Leones

Erika Arteaga Cruz. Médica. Asociación Latinoamericana de Medicina Social Ecuador, Doctoranda Universidad Andina Simón Bolívar, Movimiento de Mujeres Ecuador, Coordinadora People’s Health Movement Extractive Industries circle.

Carolina Morales Borrero. Profesora titular Universidad Nacional de Colombia – Departamento de Salud Colectiva, Doctora en salud pública. Candidata a posdoctorado en Salud Colectiva Interdisciplinaria de la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito. Asociación Latinoamericana de Medicina Social Colombia.

Mariela Muñoz. Mgter en Psicología Social. Doctoranda en psicología (CONICET -UNSL), Profesora titular de Salud Mental Comunitaria (Universidad de Mendoza). Miembro de cátedra libre salud colectiva y comunitaria del buen vivir: subsanando desigualdades (FCS-UNSL). Miembro de la red de profesionales por el derecho a decidir.

Alane Ribeiro. Diretora executiva do Centro Brasileiro de Estudos de Saúde – CEBES, Mestre em Ciências e Tecnologias em Saúde e Doutoranda em Ciências Farmacêuticas pela Universidade de Brasília.

Nashielly Cortés Hernández. Profesora del Departamento de Salud Pública, integrante del Programa de estudios de Género en Salud y de la naciente Comisión Especial de Equidad de Género del Consejo Técnico de la Facultad de Medicina, UNAM, CDMX, México.

Introducción

Como mujeres feministas, militantes en salud colectiva, hemos venido intercambiando, tejiendo la idea de una reflexión trenzada a lo largo de la región. Este tejido sobre el rol del movimiento de mujeres y las movilizaciones feministas en la coyuntura actual nos parece crucial.

Una reflexión trenzada como lo plantea Raquel Gutiérrez es articular un relato sin anular a la otra; criticándola si se quiere, distanciada de su postura, pero sin anularla. Esto nos permitiría ser “capaces de manejar la ambigüedad y su presencia… (y comenzar) a habilitar un espacio de significación que nos está permitiendo construir una autonomía simbólica” (Barber, 2019)

Desde nuestros colectivos en cada país buscamos formas distintas de ejercer el poder, formas distintas de hacer política. Así “podemos ir tejiéndonos, podemos trenzarnos y prestarnos fuerza entre unas y otras” frente al dominio patriarcal y al derrumbe de las estructuras del que somos testigas. Respondemos entonces a la provocación de Gutiérrez de ejercitar la reflexión simultáneamente con la acción, con la resistencia y la lucha (Barber, 2019).

Desde la Región

Las mujeres de izquierda tenemos claro que todas las luchas son importantes: contra el sistema patriarcal, contra la colonización (religiosa-cultural, económica y simbólica) y el capitalismo, sus hilos: racismo, extractivismo, patentamiento de la vida.

A nivel regional hay tres cuestiones nodales en esta coyuntura: 1) El rol de los movimientos de mujeres y de las movilizaciones feministas en los paros nacionales y en las movilizaciones generalizadas en América Latina no solo es importante, sino clave (Terán Mantovani, 2020), 2) La performance de “Un Violador en tu Camino”– un fenómeno liberador coloca a gritos lo que hemos dicho por todos los medios: El Estado opresor y la justicia/políticas patriarcales también oprimen, no solo el capitalismo y 3) el aumento de la participación joven que muestra los sentidos de las construcciones de generaciones pasadas así como propuestas renovadas.

Este es un intento de recolectar nuestras experiencias y tejerlas en esta ola de movilizaciones en América Latina. Hablar de la participación y la importancia de las mujeres en las marchas, paros, plantones, cacerolazos desde nuestra voz…

Quién no entienda que las izquierdas latinoamericanas son profundamente machistas, o no ha militado en espacios de izquierda o no es mujer/ LGBTIQ. Apuntes desde Ecuador.

Y es que la frase común en los círculos feministas: “No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda” cobra cuerpo y forma en cada reunión sindical, en la participación en espacios de unidad (ej. Colectivo Unitario en el Ecuador que agrupa Frente Unitario de Trabajadores, Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador-CONAIE) con mesas directivas en las que la proporción de hombres y mujeres es diez a una, en cada campaña política, en la designación de candidatos/as viables, cuando se conquistan vice-prefecturas o en la construcción de las agendas “verdaderamente importantes” y las secundarias.

Bastante desatinadas las declaraciones de Mujica(el feminismo es inútil…)[1] pero no por ello sorprendentes. La izquierda de su generación no lo vio, no vio la importancia del trabajo de reproducción social que varias compañeras suyas hacían, sosteniendo también la lucha armada. Ya aquellas valientes que nos antecedieron, que están en este camino largo mucho antes que nosotras nos contaban las grandes diferencias en la militancia en la izquierda entre hombres en las direcciones y las mujeres. Mujeres que veían las violencias, las violaciones y las precariedades condensadas en sus vidas, sin posibilidad de información más allá de lo local o de entrar en debates políticos más amplios pues no tenían tiempo para la lectura o escritura ni participaban de espacios de discusión por la ya conocida triple jornada[2]. Mujeres que han visto incrementar las horas del trabajo remunerado, pero no con ello disminuir la carga del trabajo no remunerado, porque nuestros compañeros, esos hombres de izquierda, no han asumido –una gran mayoría – el papel que les compete. Una gran mayoría de nosotras trabajamos y producimos además fuera del hogar, no una gran mayoría de hombres asumió –no como ayuda sino como su función en la repartición equitativa del trabajo –el cuidado, la reproducción de la vida. Y esta omisión es enorme: en Ecuador el trabajo no remunerado equivale a 19.1% del PIB, un 75% de este es realizado por mujeres[3]. Claro que las mujeres tienen más obligaciones con la crianza de los y las hijas como dice Mujica (no por opción, por imposición), pero justamente ello resta tiempo para la reflexión, para la lectura, para los comunicados, para la formación política. Eso que Clara Merino- del Movimiento Nacional de Mujeres de Sectores Populares Luna Creciente en Ecuador dice, a Mujica se le olvida. Obviamente por esas limitaciones que no son biológicas ni naturales, tenemos escasa participación en dirigencias sindicales y en cargos de liderazgo. Cansadas ya de oir: “pero si cuando se les dice, a las mujeres no les interesa asumir posiciones de poder”, esperamos con demasiada paciencia escuchar de los sindicatos: “claro que nuestras mujeres y compañeras pueden asumir cargos, finalmente sus compañeros están en casa, al cuidado, poniendo el cuerpo como les corresponde”. Es hasta absurdo pensar que eso será viable toda vez que estudios recientes demuestran que las mujeres solas jefas de hogar cuentan con más tiempo libre, pasan menos horas realizando tareas del hogar y duermen MÁS que sus contrapartes casadas (Bazelon, 2019).  Algo está terriblemente mal en esta sociedad y no entendemos cómo fuimos capaces de llevar tanto peso sobre nuestros hombros. Y eso sin contar nuestras muertas…. es decir, que, de tener la suerte de seguir vivas, el peso en nuestras vidas es enorme.

Sin embargo, apenas las mujeres cobran alguna relevancia en su forma propia de organización o en plantear Parlamentos de Mujeres propios o se nota la FUERZA GLOBAL de sus demandas, tenemos la sugerencia preocupada de nuestros propios compañeros de izquierda: NO OLVIDEMOS nuestra complementariedad o recordemos que la lucha principal es la de clases. ¿Somos complementarios? ¿Y somos complementarios sólo cuando nuestras plataformas y nuestra construcción propia marca agenda a nivel nacional y regional más no cuando la violencia política es pan de cada día y se violentan los derechos de las mujeres electas a vista y paciencia de todos los partidos?

Posterior al Paro de Octubre 2019 en Ecuador, por ejemplo, las mujeres indígenas, rurales, jóvenes, urbanas tenemos nuestro propio proceso organizacional y horizontal[4] y eso es lo nuevo. Este proceso entendemos no es algo que se desmarca del proceso más amplio del Parlamento de los Pueblos y no es algo ajeno a la lucha anticapitalista y anticolonial que finalmente fueron los ejes de la convocatoria del PARO NACIONAL.

En la construcción de este proceso nuevo contra un neoliberalismo salvaje esperamos que todas las luchas confluyan: la anticapitalista, contra la colonialidad/racismo y la antipatriarcal. Para ello hay varios pendientes: 1) que los hombres se deconstruyan y cuestionen sus propias prácticas de poder y puedan ser horizontales dejando de decir qué es lo que deberían hacer los colectivos de mujeres o cómo se deberían organizar, 2) reconocer que hay mujeres de izquierda, colectivos y movimientos que han luchado desde hace mucho tiempo, que luchan contra el patriarcado y son parte de las luchas más amplias, 3) crear en estos espacios colectivos – que surgen de las nuevas movilizaciones – otras formas de ejercer el poder que se fundamentan en el cuidado: cuidado del espacio, cuidado y tejido de las relaciones sin protagonismo, cuidado de las otras/los otros y autocuidado.

Dentro de nuestras propias construcciones y de los varios feminismos existen tensiones y ellas se han colocado ya en forma pública respecto de escraches y las formas de ejercer justicia (Arteaga & Sierra 2019, Vega 2019, Sierra et al, 2018).  Sin embargo, con esas tensiones hemos sido y seguiremos siendo capaces de avanzar. Ahora, si vamos a poner en debate algo amplio y público no es la “radicalidad del feminismo” o su “inutilidad” sino el combate al fascismo, a los fundamentalismos religiosos más recalcitrantes, a la iglesia como institución y su injerencia en el Estado, al ocupar lugares estratégicos de gobiernos desde discursos feministas con prácticas violentas y represivas, al acoso sexual en las Universidades ecuatorianas (Guarderas et al, 2018), entre otras. El Parlamento de mujeres en Ecuador está actuando- en el marco del Parlamento de los Pueblos convocado por el Movimiento Indígena y diversas organizaciones- de modo que se pueda denunciar las formas patriarcales de ejercicio de poder (Juicio Popular a María Paula Romo – Ministra de Gobierno) y en el intento de construcción de otras formas de poder, en el acuerpamiento del que habla Gutiérrez. Más que criticar el discurso radical debemos desenmascarar a las/los que con discurso de equidad de género (Hillary Clinton, Angela Merkel, Lagarde- Presidenta del Banco Central Europeo), apoyan agendas de la diversidad nice (light)- a quienes parece que la bandera de la diversidad les representa, mientras es dulce y tiene fondos, pero no cuando se habla de justicia social; lo que Nancy Frasier describe como neoliberalismo progresista (Rubio, 2019). Y en ese contexto seguimos tejiendo.

Claves organizativas del movimiento de mujeres en Colombia

Las movilizaciones y protestas sociales de 2019 en Colombia, desde el 21N confluyeron en un Paro Nacional de enormes proporciones y formas inéditas. Algunas de las razones para que tengamos una movilización social de tal magnitud, persistente por más de cuatro meses, las explican los movimientos de mujeres y sus claves organizativas.

Tomamos como referente el movimiento social de mujeres definido por Solano[5] a partir de la movilización de 25 de julio de 2002 en el encuentro de más de 35000 mujeres en Bogotá en contra de la guerra. Este movimiento, resultado de una acción coordinada, con organizaciones gubernamentales (de sectores sociales públicos y privados, sindicatos), ONG, y organizaciones formales e informales de cobertura nacional y local; con apoyo en redes y un accionar colectivo que juntó las manifestaciones de todas/os en contra de las desigualdades que vivimos. El Paro no es una protesta excluyente; mujeres y hombres de distintas clases, etnias, géneros, religiones, edades, orientación sexual y capacidad, cuestionan el ambiente fascista de imposición de las reformas sociales, políticas y económicas, caracterizadas por ser violentas e impuestas por parte de un estado penal.[6]

El estallido social que concreta tantos reclamos en un paro, recoge el descontento por el saboteo de la firma de los Acuerdos de Paz en la Habana y la Jurisdicción Especial para la Paz[7], “JEP”, por el paquetazo económico, el sistemático homicidio de líderes/as sociales[8], el aumento de feminicidios y, como si fuera poco, el asesinato de niños/as y adolescentes que eran abusadas/os sexualmente; lo que obligó a la renuncia del Ministro de Defensa. La protesta se intenta reprimir por la fuerza policial antidisturbios con acciones criminales[9], con persecución a los estudiantes movilizados y con el atentado del esmad que ocasionó la muerte de Dilán Cruz.

La acción política del Paro entre los ciudadanos, movimientos y los partidos políticos se concreta en una generalizada sensación de profundo hartazgo por las políticas de despojo neoliberales, por la corrupción absolutamente generalizada, y la sensación de impotencia e imposibilidad de construir futuro, de materializar un verdadero cambio social. La movilización de mujeres en el paro tiene además una sensación común en el cuerpo, que apoya la lucha por la equidad de género y la justicia social.El hartazgo desde los movimientos de mujeres era distinto; loentendimos como parte de la coyuntura, de la estructura social y política del país y lo rechazamos en todos los niveles capitalista, patriarcal, racista y colonial, de la realidad cotidiana.[10]

Estar movilizadas en el Paro fue crucial, porque con la firma de los Acuerdos de Paz, a las mujeres nos quedó espacio para otras luchas. Las reacciones ante las movilizaciones de mujeres, tanto de la izquierda como la derecha, nos dejaron sinsabores, algunas mostraron desconocimiento y deseo de subordinación; como plantea Florence Thomas[11] coordinadora del grupo Mujer y Sociedad, desde los años 60: “las izquierdas “aunque intentan, no logran asumir nuestras reivindicaciones”. Porque mantienen el estatus quo del sistema patriarcal”. Un buen ejemplo son las universidades públicas, donde pese a ser el espacio por excelencia de debate ideológico; es ausente la discusión sobre las violencias de género[12]. En general se toman las denuncias realizadas por las organizaciones sociales, las colectivas, las redes de estudiantes, administrativas, profesoras investigadoras interesadas en el tema y/ó afectadas directamente por acoso sexual; pero se desvían sin una solución efectiva, convirtiendo las denuncias en asuntos meramente individuales con manejo paliativo, con apoyo en comités o en normas pendientes por aplicar.

La movilización feminista y los movimientos de mujeres en contextos adversos, cambian, desarrollan posibilidades de acción colectiva; adquieren importancia por la cantidad de organizaciones feministas en todo el país, por la variedad de movimientos provenientes de organizaciones antiguas que se re-activan; de la innovación organizativa de mujeres que salen a las calles con claves de grupo, mensajes que quedan en la memoria del movimiento para dialogar con una nueva ola de feminismo, la que es originada en América Latina, llena de acciones creativas, la cuarta ola[13]. Esta movilización muestra a un sujeto político que lucha por una vida sin violencias y libre de opresiones. Se posiciona una meta: la equidad de género con estrategias diversas y amplias que incluyen denuncias, acciones por los derechos de las mujeres, formas de acuerpamientopor y para el cuidado y el autocuidado feministas; y acciones espontáneas plenas de solidaridad entre todas/os/es.

Históricamente las mujeres en Colombia han protagonizado las luchas territoriales y ambientales; pero la novedad en este Paro, ha sido posicionar la equidad de género y los derechos de las mujeres en varias luchas a la vez: las campesinas, indígenas y estudiantiles. Hemos estrenado atuendos y acuerpamientos en contra de la violencia. Sentamos un precedente de intolerancia a la impunidad. Tomamos del movimiento: “Ni una Más”[14] por la promulgación de la ley 1761 de 2015, Ley ‘Rosa Elvira Cely’ motivos para unirnos. Nos movilizamos; algunas vienen de la Ola violeta en los barrios, otras mujeres vienen de los parques y calles, con apoyo de organizaciones estudiantiles, comunitarias con coordinación por el whatsapp. Vamos sumando: Ni una Menos, por feminicidio[15].

En este paro vimos cómo los movimientos de mujeres han aumentado. Todas: abuelas, madres, hijas, estudiantes, trabajadoras, vecinas, amigas, novias, amantes, todas salimos a la calle, de los barrios, las casas, los colegios y los trabajos. No quedamos igual. Sabemos que lo que pasa en nuestras vidas ocurre por un sistema que puede cambiar; nos acuerpamos, hicimos la memoria de las luchas sociales, llevando a flor de piel las arengas y caceroleamos las luchas. La cacerola que no falta en ninguna casa, nos trenzo; nos aglutinamos con los demás en las calles, con canciones y críticas al estado, se perdió el miedo a la represión. Las lideresas muestran su potencia feminista, las colectivas enlazan acciones para movilizar. NO cedimos la voz; somos, estamos y vamos haciendo tramas feministas. Los movimientos de mujeres van más allá de una mera reforma a la democracia, como lo plantearon las afrodescendientes y lideresas Francia Márquez y Sirley Vergara[16]. Los movimientos de mujeres en Colombia son la esperanza de un futuro sin violencia y de un presente con la contundencia de la memoria.

Qué pasa en Brasil: una mirada feminista

A lo largo de 2019, nos enfrentamos a un gobierno cuyas políticas apuntaban a una radicalización autoritaria de los procesos de concentración de la renta y del extractivismo colonial. Al mismo tiempo, la izquierda populista mayoritaria apuesta reiteradamente por alianzas con sectores que van desde las grandes oligarquías políticas y económicas hasta la clase obrera organizada, limitándose a la inclusión social a corto plazo a través del mercado[17] Estos son síntomas de que la izquierda brasileña no está siendo capaz de imponer otro horizonte económico y político a medio y largo plazo.

Observamos que la mayoría de las movilizaciones, revueltas, marchas y análisis críticos de la izquierda en Brasil (desde las más radicales hasta las más flexibles), son cooptadas por otros grupos o incluso se asumen como un producto cool del consumo capitalista. Como señala Sabrina Fernandes en el libro “Mórbidos Sintomas: una encrucijada de la izquierda brasileña”[18] las izquierdas están perdiendo esta disputa. En 2019 sólo lograron más fuerza, en las movilizaciones de la organización feminista.

En este contexto, el “vacío” gana apoyo popular, porque no hay ninguna otra alternativa poderosa en este momento, y este vacío se llena con un “aliento” de aspectos antidemocráticos y fascistas, donde incluso los que denuncian la deshumanización se deshumanizan. Cuando, casi dos años después, no ha quedado claro quién estaba detrás y por qué Marielle Franco fue asesinada. Por el contrario, la persona clave fue asesinada para impedir dilucidar el resultado criminal del caso.

Esta situación refuerza que el Brasil está experimentando la radicalización de un poder paralelo, que en diferentes momentos tuvo y tiene ramificaciones en la estructura del Estado. Todos estos elementos, en consonancia con la destrucción generalizada del Amazonas, la contaminación del agua y los alimentos, la creciente criminalización de la pobreza, la institucionalización del racismo, el miedo y la desigualdad, constituyen la receta perfecta para la aceleración de la degeneración humana y la guerra climática.

Por otra parte, los jóvenes militantes están utilizando otros lenguajes además de las movilizaciones, revueltas, marchas y análisis críticos académicos, incluyendo la apropiación de varias herramientas digitales, para dar voz y abrir caminos a la utopía y apuntando a una visión interseccional. Estos son algunos ejemplos: a) Tese Onze[19], producido por Sabrina Fernandes; b) Fogo no Parquim[20], producido por Gabi Nascimento, Debora Baldin y Sabrina Fernandes, c) Tempero Drag[21], producido por Guilherme Terreri, Jorge Junior, Ana Carolina Perroni y Alan Maziero e d) Mulheres foda[22], producido por Mari G y Guilherme Terreri. Sin embargo, estas acciones están todavía muy lejos, por ejemplo, del negro, periférico, cabeza de familia que está en el centro del poder revolucionario. El cuerpo periférico y el colectivo construyen alternativas para sobrevivir y construir otras políticas, otras sociabilidades.

Experiencias como la “Gabinetona”[23], que además de los mandatos abiertos, colectivos, feministas y populares en el estado de Minas Gerais, están formados con activistas, en su mayoría mujeres y personas negras, además de LGBTIQ, indígenas, residentes de ocupaciones urbanas, un liderazgo quilombola y una persona con discapacidades. Reforzando esta experiencia, en 2019 la diputada Talíria Petroni fue elegida diputada federal por Río de Janeiro, constituyendo un mandato negro, feminista y popular en el Congreso Nacional. Estas menciones han utilizado el potencial creativo y feminista para proponer otras herramientas para disputar el espacio político del Estado y hacer política.

Otra potencia es el Proyecto “BR CIDADES”[24], formado por un colectivo que produce reflexiones y acciones interdisciplinarias e intersectoriales por el derecho a la ciudad, a través de artículos, vídeos, podcast y otros materiales. En su manifiesto, señala que la reconstrucción democrática en el Brasil requerirá la producción de ciudades social y ambientalmente viables. Esta mirada a la ciudad, es también una mirada de cuidado, necesita estar cada vez más ocupada por una mirada feminista. Sólo un levantamiento feminista interseccional (clasista, negro, indígena y ecológico) puede enfrentar el fascismo de frente y revelar a todos cuán asesino y destructivo es.

Argentina: articulaciones, tramas y luchas plurales

Argentina tiene como referente de centro izquierda a los partidos populistas, los partidos de izquierda si bien han sumado en algunos espacios más cantidad de votos en la última década no llegan a ser representativos. Los gremios han perdido desde hace años cohesión en las disputas, se han debilitado en la fragmentación, y muchas veces, caído en acuerdos con los gobiernos de turno desoyendo a quienes trabajan. Las luchas en los últimos años se concentran sobre todo en la fuerza que determinados conflictos extractivos, de explotación, o de avasallamiento de las políticas neoliberales tienen; congregando a personas que no militan necesariamente en partidos específicos. Así se evidencian cuerpos y colectivos en resistencia desde las cotidianidades de los lugares de trabajo o de vida.

El feminismo como fuerza masiva en la Argentina actual, está presente en estos escenarios bien como movimiento o acompañando luchas no específicas de género pero que si terminan articuladas. Esta presencia masiva funciona de manera porosa, generando tramas que evidencian las lógicas patriarcales de de funcionamiento de los grupos de resistencia, generando cambios en el interior de otros movimientos. Cuatro grandes procesos marcan cualidades y desafíos de los feminismos a las izquierdas así como para los feminismos per se.

El adultocentrismo como limitante. Entre 2017 y 2018 las escuelas secundarias de Buenos Aires presentaron ejes de denuncia y disputa, primero frente a abusos sexuales entre compañeros en fiestas, luego por intentos de modificación de la ley de educación secundaria. Esto puso en marcha un proceso de organización que evidenció la falta de herramientas de adultos y adultas en temas de derechos sexuales en instituciones educativas y acompañamiento en la lucha legislativa. Los procesos de visibilización e intentos múltiples por detener las violencias sobre sus cuerpos evidenciaron pedagogías de género fuertemente arraigadas recibiendo como principal propuesta adulta la sanción como opción disciplinadora sin abordar el conflicto (Faur, 2019). Las estrategias de les pibes fueron colectivas, los centros de estudiantes pudieron revisar sus maneras y dinámicas de poder – hacia el interior y en la institución- e interpelaron a la misma institución educativa y sus prácticas. Además, aparecieron colectivos de varones antipatriarcales con fuertes procesos de pregunta, así también aparecen espacios de discusión y acuerdos entre compañeros, compañeres y compañeras para vincularse desde el consenso. Les adultes demuestran dificultades para acompañar denuncias, voces y formas de las juventudes. Las propuestas de cuidado de jóvenes se vinculan con las izquierdas dándole posibilidad de “escuchas otras”, esas influidas por las condiciones laborales, institucionales y sociales sin ser trabajador, generando pregunta sobre lógicas instituidas.

No todas las feministas son de izquierda pero las luchas se meten en las casas. La marea verde no fue ni es homogénea, conviven varios feminismos y partidos políticos. El debate sobre el aborto legal seguro y gratuito en 2018, el apoyo y seguimiento de la marea hizo entrar en las casas conversaciones que en otro momento fueron imposibles. Con ella la posibilidad de avanzar en discusiones sobre el machismo y la aparición o fortalecimiento de colectivos organizados(artistas, profesionales, docentes entre otros). Todos han continuado trabajando y avanzando en conquistas en cada uno de los ámbitos, ya que los gobiernos no han podido hacer oído sordo a la disputa social. En estos procesos aparece el pedido al estado que cuiden y respeten los cuerpos y las decisiones de las personas, pensando en la integralidad de la sexualidad. Otra situación casi simultánea y posible por la grupalidad fue la denuncia pública y mediática de Thelma Fardín hacia Juan Dartés sobre abusos del actor hacia ella (Carbajal, 2018). Así despertó la movilización del #yositecreo aumentando en el espacio público el reconocimiento de la envergadura del problema de abuso contra mujeres. Este proceso afectó a los varones, evidenciando conductas machistas que se sostienen en el diario vivir y, también generó mucho temor, resistencia y persecución para aquellos con dificultades para preguntarse sobre sus privilegios y prácticas opresoras. En estos dos procesos unidos en tiempo se observa cómo la pregunta entra en la vida cotidiana. Acá se reavivan las compañías de las jóvenes tanto en la marea verde como en los procesos de denuncia que ellas habían comenzado, haciendo visible además las generaciones previas de mujeres y sus luchas.

La lucha de las, les y los trabajadores… Las luchas gremiales fueron focalizadas, se concentraron en despidos masivos, por acompañamiento en procesos de expropiación, por la precarización y ensañamiento con discursos deslegitimadores hacia el gremio docente. Pocas veces logran hacer trama con la sociedad. El sector universitario consiguió apoyo de parte del estudiantado en el año 2018, esto con gran problematización de un curriculum patriarcal y clasista. Aspectos que muestran cómo los movimientos feministas son los que logran sostener las luchas más allá del salario. La pregunta por el capital ya no sólo se concentra en la explotación, también en las múltiples formas de opresión y en las limitaciones de acceso a diferentes derechos que se focalizan en el cuidado y en la equidad.

El extractivismo, lugar vivo de las luchas contra el capital. En diciembre de 2019 semanas posteriores a la asunción de las nuevas y nuevos gobernantes aparecen dos focos de conflicto ambientales en las provincias de Mendoza y Chubut[25]. Las asambleas por el agua que si bien no han podido reconocerse desde los aportes del feminismo en torno al cuidado y defensa de la vida, si se vieron atravesadas por muchas mujeres y sus luchas. Las asambleas recientemente acrecentaron sus participantes, estuvieron conformadas por múltiples generaciones, creencias religiosas y espirituales, etnias, procedencias territoriales, partidos políticos, ambientalistas, también muchas feministas, muchas de ellas luciendo sus pañuelos verdes. A su vez, acuerparnos en la calle, protegernos, sabernos diferentes pero tener voz en las asambleas fue posible. Mendoza logró la restitución de la ley protectora del agua (N°7722) [26]ahora busca la prohibición del fracking. En estos espacios el feminismo también se une como discurso que acompaña. Se repiten discursos No es No, los cuerpos territorios y los territorios cuerpo están conjugados en la defensa de la vida. Esto hace a una revolución en donde de a poco se va aprendiendo a negociar, a tejer entre diferencias, a hacer al re-conocimiento de nuestras voces, en tanto potencia y cuerpo político amalgamado. Así también, a diferenciarnos cuando las opresiones en defensa de la vida reproducen lógicas patriarcales que atentan contra ella.

Nos queda mucho por andar, aparecen en el camino nuevos desafíos. En Argentina nos acercamos al 35 encuentro de mujeres que esta vez será un encuentro plurinacional y con las disidencias. Este avance nos permite reconocernos en voces plurales antes no reconocidas, a pensar lo común como desafío en un contexto que no para de mostrarnos y de construirse por las diferencias. Habilita a que muchas mujeres que no han accedido a poder pensar desde y con los feminismos puedan acercarse, podamos acercarnos y reconocernos, entramar, respetando las lógicas territoriales. Los sectores populares son los que menos acceso tienen a estos espacios, la segregación también hace de los encuentros. Cómo construir con diferentes colectivos es el desafío. Una de las dificultades que aparece en estos espacios se observa en las lógicas patriarcales y coloniales que desde imposiciones discursivas, silenciamientos intenta sostener el poder vertical.

Cuando lo privado se hace público y visible, se hace común. Eso, a su vez pone en pregunta opresiones de clase y etnia que se articulan con la fuerza que toma en la disputa del poder que de a poco va transformando discursos fragmentados complejizándolos. Estas visibilizaciones que vamos logrando disputa el poder y las maneras de ejercerlo. Nos queda mucho por construir aún, el hecho de ser mujeres no hace que las lógicas patriarcales, capitalistas y coloniales no las tengamos corriendo en nosotras. Mucho menos que estas mismas lógicas desde los poderes del Estado no las quieran captar para su beneficio y no para el colectivo. Sentirnos acuerpades, sabernos juntes, también hace saber que hay mucho para construir desde el diálogo, los acuerdos, el consenso y el enojo como motor frente a las opresiones.

México: revolución feminista en marcha

Los feminismos, como en ningún otro momento de la historia han colocado una denuncia mundialmente expresada y organizada en red y, sorprendentemente desorganizada si se le mira desde la ortodoxia de las instituciones políticas de todo tipo, incluyendo las académicas, para hacer que retumbe en el planeta entero que “el violador eres tú”. Desde luego que tiene formas de organización y nuevos componentes tecnológicos de los cuales ha sabido echar mano, con impulsos personales y de grupo, pero sin “cabeza al mando”, sin “autor intelectual” (dicho intencionadamente en singular y en masculino).

Sin embargo, la rudeza que se vive todos los días en toda la región, que se expresa agudizada y con sus matices locales, nos obliga a ser muy rigurosas y a preguntarnos: Además del hartazgo de tener un país al que el feminicidio le arrebata, dicen los que llevan cuentas, más de 10 mujeres por día, en el caso mexicano ¿qué condiciones han dado posibilidad a este estallido de mujeres (y algunos, no pocos, hombres) decididas a detener de raíz la violencia patriarcal? ¿qué es lo que está centralmente en juego, respecto de esta lucha?

En México, desde luego que esa rabia nos brota y se multiplica al saber que, en todos los últimos feminicidios “la nota periodística de cada día”, los agresores habían sido (o seguían siendo) la pareja sentimental de esas mujeres que fueron agredidas y denigradas hasta llevarlas a niveles de letalidad en todas las dimensiones de su persona (Quijano, 2020). Las mujeres de nuestro tiempo histórico, vivimos, como proceso de subjetivación masiva, señales de cómo nuestras vidas, muertes y nuestra existencia humana es vejada y sometida ignominiosamente. Entonces señalamos, sin equivocación posible, al machismo como causa inmediata de esos hechos, pero en ese momento nos abofetea la perversidad abyecta contra niños y en especial contra niñas. Resulta que el machismo es la expresión última de esta misoginia, pero no es respuesta suficiente para comprender las condiciones que hacen posible la tragedia que se está viviendo, ni las dimensiones que va tomando.

Al hecho, atroz en sí mismo, se le suman las formas de comunicarlo, se le suma el uso que de él se hace para convertirlo en arma intersubjetiva, en veneno que es selectivo y generalizado al mismo tiempo. Son formas educativas de gobermentalizar (dominar el cuerpo y controlar la voluntad del colectivo) mediante el miedo que, de ser basal, se lleva al extremo de promover el pánico cíclico: agudizado por las noches, en ciertos espacios (taxis, barrios), en determinadas situaciones (conglomeraciones, lugares abiertos-sin rejas-sin control de flujo) que reproducen el androcentrismo como particular manera de entender y valorar a las personas, a las cosas, a las capacidades de hacer, de crear, de defender, de pensarnos socialmente.

A las formas de comunicar los hechos (grotescas y viles), se le agrega el oportunismo y la estupidez de las tradicionales izquierdas, derechas (y todo el gradiente que transita de un polo al otro, según sea el tema del que se trate). Surge la pregunta necesaria, ¿este “ya basta” es una respuesta reactiva por pura voluntad de sobrevivir a este contexto terrorífico? Parece que sí y entonces replantearse la izquierda exige también replantearse los feminismos, porque nos tocará como tales, caminar esta causa que al ser tan primaria y profunda, hace converger a “demasiadas” colectividades. Así de compleja esta causa feminista, así de importante no soltar ni un milímetro ganado y así de humilde el caminar planetario que deja de ser la sombra de las luchas y se vuelve red de poder capaz de permitir el anclaje de resistencias, que las izquierdas tradicionales (en voz de hombres y mujeres militantes de esas izquierdas) se apresuran a declarar “no feministas” y después a advertir “el riesgo” que representan por ser la grieta por la que “se cuelan” las fuerzas de la derecha y sus metas.

Sí, en México, la derecha quiere sumarse a nuestras marchas porque encuentra, en las maneras como se expresan algunos grupos feministas (muchos, no todos), conveniencia que apuntala sus intereses electorales. Calculan que apoyar la protesta creciente por los feminicidios les reditúa. Son las fuerzas impulsoras de las políticas neoliberales y los agentes beneficiarios de la voracidad de esas políticas, pero hoy se declaran partidarios de la, cada vez más claramente, imparable demanda de erradicación de la violencia de género. Pegarle a la llamada 4T capitalizando una descomunal tragedia, no les molesta ¿y a nosotras? A nosotras tampoco. A nosotras nos toca llevarles pañuelos verdes y que le entren hasta el fondo. Nosotras no nos confundimos, sabemos quiénes son y queremos ver a las panistas[27] cantando “el violador eres tú” y señalando la Catedral de la ciudad de México. ¡En el paro, en la marcha, en las declaraciones, en las luchas feministas, las esperamos! Quien empieza por rechazar el machismo, tiene alguna oportunidad de reconocer el androcentrismo y en esa crisis, en esa ruptura epistemológica, podría lograr el saber que no se es una isla.

La conciencia del ser “nosotras” tiene posibilidad de emerger en el encuentro plantearía (Bleichmar, 2008); entonces, “el encuentro” es un paso crítico para poder imaginar que se puede transformar el sistema social y derrotar al patriarcado. Este sistema que, como sabemos es de las fuentes primarias de la violencia estructural, de la que emanan todas las expresiones de violencia hoy existentes. ¿Ingenuidad y torpeza creer que quien busca votos y legitimación, o simplemente golpetear a otro grupo de la elite política, puede alcanzar conciencia de sí? Tal vez, pero tiene un fundamento ontológico: si dejamos de pensar que las y los adversarios son seres humanos, con capacidad de “ser tocados” como iguales, de empatizar, de acuerpamiento, de solidaridad, de genuina indignación, de compromiso y sororidad, quizás hayamos perdido la oportunidad de replantear el feminismo de izquierda.

Esto no significa que el llamado “feminismo radical” que rechaza toda postura distante de la suya, esté siendo cuestionado en este análisis. Al contrario, ir tejiéndonos, trenzándonos y prestándonos fuerza entre unas y otras es un principio que parte de reconocer los aportes de todas las luchas. En esa línea, el feminismo separatista, por ejemplo en el movimiento universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), debe ser reconocido. Se recupera, en ese sentido, parte de la reflexión de una participante del movimiento:

“La discusión de los espacios y actividades separatistas obviamente no termina acá, pero les puedo decir que:

1. Durante el paro feminista en Ciencias tuve una vivencia muy diferente, que nadie me pudo haber contado, al estar en un espacio donde las mujeres nos sentíamos seguras y protegidas. Ahí nos escuchamos y nos pudimos abrazar y cobijar frente a historias terribles de abuso, acoso y agresiones. Supongo que es una experiencia que los hombres tienen en lo cotidiano, no tienen que estar volteando a todos lados para ver si los siguen, no piensan todas las mañanas al vestirse si su atuendo les traerá malos momentos. 2. El separatismo es parte de un proceso de mirarnos y reconocernos en otras, para construir propuestas propias que luego compartiremos con toda la comunidad. Esta mirada transformadora inicia con el reconocimiento de nuestros iguales plantearía (Bleichmar, 2008). 3. Es obvio que la solución a la violencia de género requiere la participación de todos. Esta exclusión de espacios es parte de un proceso necesario de reconocimiento. Por lo demás, por siglos ha habido espacios separatistas exclusivos de hombres, que no parecen molestar a los que ahora vociferan para ser tomados en cuenta. 4. La violencia de género no es sólo la violación, como pretenden argumentar algunos y, tristemente, algunas. La violación es sólo el último paso de una cadena que empieza con pequeñas agresiones verbales, con interrumpir la idea de una mujer, con no escuchar sus argumentos, con dejarla esperando sin avisar, con hacerla sentir menos, con humillarla en público o privado con supuestas “bromas”, con sostener que las feministas necesitan “ir a un sicólogo”, con permitir, justificar, tolerar y minimizar las expresiones machistas (“te voy a presentar a un cabrón para que te ponga una buena cogida y se te pase el mal humor”), con estar convencido de que una mujer sólo está realizada cuando tiene pareja y en caso contrario, está incompleta. 5. El minimizar otros tipos de violencia de género es ser cómplice de las causas que culminan con una violación o un feminicidio. Los agresores no son enfermos o locos, son hijos sanos de un patriarcado que es ejercido no sólo por hombres, sino también por mujeres. 6. Es claro que la reivindicación de las causas feministas no es una declaración en contra de los hombres. El esgrimir el argumento de que “el capitalismo busca la división de hombres y mujeres para evitar la lucha conjunta” es una falacia y nos hace parte del problema. Por un lado, esa división debe ser entendida primero como los que ejercen el patriarcado (sean hombres o mujeres) vs. los que lo padecen. Segundo, en lo que podemos estar de acuerdo, es que todo movimiento que se vuelve fundamentalista no construye demasiado, entonces la crítica, en todo caso, puede ser a las formas de fundamentalismo (la megaultra en el Consejo General de Huelga de 1999, los terroristas musulmanes, los neonazis), más que a las causas de feminismo. 7. En varios espacios hay hombres que han preguntado cómo se pueden integrar a la lucha y apoyar, de manera honesta, cariñosa y legítima. A ellos les digo que no desesperen, que parte de apoyo que ahora necesitamos la mujeres es el respeto a los espacios que históricamente se nos han negado, que nos estamos apenas empezando a escuchar y reconocer. Ustedes pueden empezar por cuestionar a sus pares si identifican en ellos actitudes machistas. Justo las mujeres no buscamos que un hombre nos cuide o nos apoye, sino que queremos no necesitar protección cuando vayamos por las calles. A ustedes les digo que su ayuda valiosa por ahora tal vez consista en tener paciencia y trabajar para que en los espacios en lo que están, platiquen sus posturas y denuncien situaciones de abuso. 8. Ese argumento de que en el capitalismo se mata a todos, y que los hombres también son víctimas de la violencia es un argumento que minimiza, en los hechos, que los cuerpos de las mujeres han sido el espacio último donde ese capitalismo toma forma. Ese capitalismo no sólo mata mujeres, también les pide, todos los días, que se desvanezcan: tienen que perder kilos, arrugas, años, llantitas, vello, cejas… Es como si en la lucha por los derechos de los negros, los blanco gritaran que también eran explotados. 9. Solo quien ha sentido rabia e impotencia ante las agresiones (de cualquier tipo) a mujeres, puede entender (aunque no justifique) las formas de lucha que parecen políticamente incorrectas. Esa rabia de ver cómo sale un agresor libre, pasar por la revictimización en las agencias del ministerio público, esperar meses para que un caso de agresión tome cauce legal (yo hice una denuncia “por las vías de las buenas formas”, es decir, en las instancias correspondientes desde octubre del año pasado y en dos de tres instancias de denuncia no se ha hecho nada).

En síntesis, bienvenida esta visibilización del problema que nos hace hablar de ello en la sobremesa, que nos hace voltear (a veces en forma suave y cariñosa, a veces como si recibiéramos una cachetada) a las violencias que hemos sufrido como mujeres o que hemos ejercido como hombres (y mujeres). Bienvenida esa lucha que tanta falta nos hacía, como el aire mismo.”[28]

Visto desde un análisis menos introspectivo, el reconocimiento al movimiento del feminismo separatista en la UNAM, pasa por comprender la dimensión de los logros que está teniendo, al hacer que un aparato extremadamente jerárquico, que históricamente se ha excusado en su burocratismo institucional, responda a sus demandas. Se trata de una respuesta tardía e insuficiente y por eso no termina ahí la lucha (Arias, 2020; Suárez Zozayar).

Sin embargo, es digno de reconocimiento que el movimiento feminista no solamente es estudiantil, ni se agota en el feminismo separatista, pero es esta expresión (con la radicalidad de sus demandas y sin dejar de valorar el contexto político particular del país), la que ha conseguido que se mueva el aparato que, en otras ocasiones con argumentos legaloides, ha evitado dar respuesta satisfactoria a las demandas estudiantiles de las últimas décadas. Es básico notar que lo ha logrado, a pesar de que esos movimientos fueron cobijados por una proporción mucho más amplia de la comunidad universitaria que activamente participó en la lucha por la gratuidad de la educación.

Es así que, la huelga de 1987, ni el congreso universitario de 1990 que derivara de ésta, ni la larga huelga de 1999 (Meneses Reyes, 2020) consiguieron más que acuerdos parciales que, de manera limitada, derogaron artículos dentro de un reglamento general y con ello contuvieron la imposición neoliberal de políticas financieras para la educación pública en el nivel medio superior y superior que pretendían institucionalizar las vías de la privatización del derecho a la educación. En contraste, este movimiento feminista, como movimiento activo, no ha cerrado más del 20% de las entidades que conforman la UNAM. Por otro lado el cierre de facultades, escuelas preparatorias y colegios de ciencias y humanidades ha sido intermitente, pero en ningún caso lleva más de 6 meses. Aun así, ya se consiguió plasmar normativamente un cambio estratégico en la lucha contra la impunidad, que no lo es todo, pero es un avance sustantivo en la erradicación de las violencias contra las mujeres universitarias todas. Es decir el movimiento logró que el Consejo universitario, máximo órgano de representación y toma de decisión colegiada de la UNAM, diera respuesta a una parte de las demandas al aprobar que se reformaran los artículos 95 y 99, no de un reglamento, sino del Estatuto General (UNAM, 2020); con estas modificaciones se plantea un total rechazo a la violencia de género, al considerarla una falta “especialmente grave”.

La importancia de este logro, no solo radica en que se vuelve una herramienta para atacar la impunidad, sino porque en la construcción de legalidades, también se van configurando las subjetividades socialmente potables (López López, 2012). El proceso requiere continuar haciendo modificaciones en la institución a todos los niveles (Suárez Zozayar, 2020), nadie espera que al ganar esta batalla, se pueda descansar, porque lo que se tiene claro es que seguimos en el lugar de la resistencia.

¿Qué aportan los feminismos o cómo analizar desde el feminismo lo que pasa ahora?

Para ir cerrando nuestro planteamiento colectivo colocamos algunos elementos que nos permitieron pensar y trenzar las reflexiones:

– Cuidado: los cuidados los entendemos múltiples, se han generado de diferentes maneras en todos los escenarios latinoamericanos de luchas, tanto en el Paro, en las marchas y en las asambleas, cuando llegaron los indígenas/caminantes/población participante de las asambleas comunitarias; cuidado de nuestros/as heridos/as, de los/as perseguidos/as; al cuidar la memoria de nuestros/as muertos/as y con el cuidado del espacio que estamos construyendo. Estas lógicas de cuidado además de verse en las calles se plantean al elaborar las propuestas económicas sobre Seguridad Social/resoluciòn de crisis económica desde la economía del cuidado declarando la deuda ilegítima así el PIB incluye el trabajo que ponen en el campo los campesinos y campesinas que alimentan las ciudades,o el trabajo reproductivo que sin salario realizan en su mayoría las mujeres.

– Acuerpamiento: Gutiérrez lo plantea como “la capacidad de asociarnos para fines específicos. Es decir, suspender la diferencia en el momento de reunirse para poder cultivar el vínculo que nos permite crear una acción común. Por eso decimos que cultivamos cercanía y gestionamos distancias. Cultivamos cercanía para pelear y denunciar una acción, y gestionamos las distancias para vincularnos con las otras. Eso nos permite reconectar con la fuerza colectiva y a cada quien le permite reconectar con su capacidad de fuerza. Por eso hablamos de acciones coproducidas” (Barber, 2019)

– Feminismo de la práctica cotidiana. Estos se dan dentro y fuera de los espacios de militancia, dentro y fuera de espacios para y con mujeres, a nivel individual y colectivo. Estos feminismos a través de acciones interpersonales presenciales o por las redes sociales, construyen disputas de poder así como lazos sororos. A su vez, recrean vínculos y modos de hacerlos. En esas prácticas se recrean los desafíos frente a lógicas ya instaladas, nuevas problematizaciones frente a lo instituido que dinamizan la fuerza colectiva, nacional, regional o mundial (como demostró el Performance de Las Tesis, el #noesno, #yositecreo).

– Autonomía simbólica /reflexión trenzada: coincidimos con Gutiérrez en que esta se construye al “Ser capaces de manejar la ambigüedad en la presencia. De este modo, comenzamos a habilitar un espacio de significación que nos está permitiendo construir una autonomía simbólica. No es que esto no haya pasado antes, pero ahora sucede de manera masiva y radical. La lucha es por la vida y contra todas las violencias patriarcales. En una forma distinta de hacer política, podemos ir tejiéndonos, podemos trenzarnos y prestarnos fuerza entre unas y otras. Es una lucha feminista en marcha y que revitaliza los contenidos antipatriarcales de la lucha” (Barber, 2019). A la vez permite ver semejanzas y diferencias entre los procesos, respetándonos, reconociéndolos y asumiendo lineamientos comunes como modo de construir otros modos de relacionarnos.

Además de estos ejes de análisis podemos ver problemáticas comunes (ej. El acoso sexual en las universidades latinoamericanas o en los colegios) que, con mecanismos novedosos, y removiendo estructuras patriarcales históricas, están en el centro de varias acciones (ej: paralización de la UNAM, construcción colectiva de pibes en colegios de Argentina o concretar una red interuniversitaria de investigación feminista en Ecuador). El feminismo fomenta lo que Galindo bien reconoce como alianzas insòlitas que construyen “espacios minúsculos que alcanzan un valor descomunal gracias a la fuerza utópica que contengan, gracias a la capacidad de complejizar sus aristas de relacionamiento con la sociedad” (Meloni-González, 2020). Los casos de Ecuador, Colombia, Brasil, Argentina y México demuestran en gran medida la intención de complejizar nuestras realidades y de plasmar utopìas… caminando juntas como diría Claudia Korol (2015), siendo “Feministas compañeras. Haciendo el aguante en las duras y en las maduras”. En el contexto mundial creemos, tal como lo ejemplifica Brasil, que solo el feminismo interseccional podrá poner freno al fascismo/ bolsonarización en la región.

Este caminar también nos hace plantear algunos desafíos para las construcciones dentro de las izquierdas y como feminismos latinoamericanos.

Replantearse la izquierda es una idea-nudo que no termina por mostrar las entrañas de sus múltiples conflictividades. Si el movimiento de los feminismos no fuera tan global en su extensión geográfica, cultural y social o no estuviera avanzando con tanta fuerza y no fuera tan diverso, tendríamos la tranquilidad de aseverar que estamos en el camino más seguro de andar desde la humanización sentipensante de la historia y hacia la sabia reconstrucción de más futuros, alternos al de la devastación descarnada de las civilizaciones humanas. Tendríamos la convicción de que es cuestión de tiempo para que el movimiento de los feminismos logre lo que con tantas luchas no se ha logrado, cuestión de nutrirle y verle crecer, cuando no de esperar, simple y llanamente, esperar, dejarle ocurrir. No diríamos que es una vía para replantearse la izquierda, sino que sería “La vía de replantearse la izquierda”. Sin embargo, eso es demasiado romántico para la mirada feminista que podemos compartir, porque no basta con regocijarnos, aunque se siente muy bien que, en medio de la revuelta de los ricos, podamos mirarnos, leernos, escucharnos, escribirnos, darnos ánimo y felicitarnos por llevar la batuta de la resistencia, así: en colectivo.

No obstante, parecería que, los feminismos son difíciles de categorizar y meter “en orden taxonómico” en términos de sus horizontes políticos, de alguna manera eso también tiene como correlato lo difícil que es, en estos momentos, meter en cualquier orden tradicionalmente organizado, a las corrientes políticas de las diferentes luchas sociales del mundo, incluyendo a los llamados gobiernos progresistas de América Latina.

Si bien algunas de las lógicas del feminismo se han vuelto nociones más extendidas en la sociedad (necesidad de equidad entre hombres y mujeres), aún tenemos como desafío profundizar en la redistribución del poder. Muchas veces los lugares que toman mujeres y varones, a pesar de tener discursos desde perspectivas de género en sus luchas, quedan teñidos por un manejo de poder que oprime porque se asocia a lógicas individuales y verticalistas, en las que el soltar el control, la confianza y la construcción colectiva no están dentro de los criterios de la praxis. Esto abre una discusión en relación a un término muy utilizado en los feminismos: el empoderamiento. Acuerparnos, reconocernos con otras y otros en equidad, que reconozcamos los privilegios de cada quien desde las diferentes aristas: género, etnia, clase, edad, capacidad, se nos vuelve un desafío para procesos horizontales de construcciones sororas, intergeneracionales y regionales.

Otro de los aspectos que están en tensión son las lógicas del cuidado y la autonomía. En este sentido, revisar las prácticas desde el cuidado colectivo no proteccionista, con la confianza puesta en las personas, en la capacidad de la sociedad, con el quehacer cotidiano del andar juntas, juntos, juntes, demandando al Estado lo que le compete SIN entregar nuestras luchas a un gobierno, sin instrumentalizar los conceptos ni vaciar de contenidos las consignas, sin buscar Mesías ¿cómo valorar los recursos, las vivencias, para construir una mejor sociedad? ¿cómo lograr en las tareas diarias hacer juntes/juntas/juntos sin que primen la opresión o la entrega de nuestra autonomía al Estado?

Por otro lado, las nuevas generaciones revisan las lógicas de opresión, niños, niñas, niñes organizados nos muestran su recorrido y luchas pero también se suman las disputas en las escuelas y colegios de la región o a movimientos contra el neoliberalismo, como a nivel global por la naturaleza, por la educación como derecho y por sus derechos sexuales y reproductivos, en las que las revisiones cuerpo-territorio se entienden necesarias. En estas luchas se observa la disputa por otro tipo de construcciones políticas y lógicas de gestión o por la defensa de modos de vida (indígenas- derecho a la subsistencia de su cultura).

Es así que en estos escenarios en los que los feminismos avanzan, se construye salud no sólo en tanto proceso de bienestar sino desde los trabajos productivos, reproductivos; el amor y la lucha son construcciones conjuntas que se sostienen en el reconocimiento y el acompañamiento. Alumbrando el todo de la vida y no solo el trabajo productivo, los feminismos aportan luz sobre diferentes instancias de reproducción social tanto en los hogares como en los espacios públicos, y ponen en cuestión modos de cuidados de nuestros cuerpos-territorios, disputando y exigiendo a los estados y sus instituciones modos en los que queremos convivir, construyendo nuestras propias utopías.

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[1] https://www.elobservador.com.uy/nota/mujica-el-feminismo-es-inutil-y-la-agenda-de-derechos-es-expresion-de-la-estupidez-humana-20191220111340

[2] Clara Merino, Entrevista Uto piando: https://www.youtube.com/watch?v=1W4STd6sjr0&t=30s

[3] https://www.elcomercio.com/actualidad/mujeres-actividades-remuneracion-hogar-inec.html

[4] https://www.facebook.com/pg/Parlamento-Plurinacional-y-Popular-de-Mujeres-y-Organizaciones-Feministas-106463874268626/about/?ref=page_internal

[5] Solano, Yusmidia (2003) «Movimiento de mujeres en Colombia.  Entramado actual del Movimiento de Mujeres en Colombia». En: Martínez, María Eugenia, Cartografía de Mujeres,  para  pensar  los  derechos, Bogotá:  Red  Nacional  de  Mujeres  –  Corporación Humanizar, Agosto de 2003.

[6] Wacquant, Loïc define estado penal como una cadena de instituciones que converge en políticas asistenciales, de intervención urbana y jurídico-policiales, con un mismo propósito: encarnarse “literalmente” en cada cuerpo humano, con fines políticos. En: González S, Ignacio (editor) (2012). Teoría social, marginalidad urbana estado penal. Aproximaciones al trabajo de Loïc Wacquant. Madrid. España

[7]http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/Documents/informes-especiales/abc-del-proceso-de-paz/abc-jurisdiccion-especial-paz.html

[8] https://cerosetenta.uniandes.edu.co/lideres-asesinados-2020/

[9] https://www.telesurtv.net/news/colombia-paro-nacional-semana-cronologia-20191129-0005.html

[10] https://www.alainet.org/es/articulo/204371

[11]https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florence-thomas/las-izquierdas-y-el-feminismo-columna-de-florence-thomas-398072

[12]http://nomadas.ucentral.edu.co/index.php/catalogo/2562-violencias-de-genero-en-las-universidades-nomadas-51/1-discursos-movilizaciones-y-practicas-de-las-violencias-sexistas/1033-fraternidad-y-luchas-feministas-contra-el-acoso-sexual-en-la-universidad-nacional-de-colombia

[13]http://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/un-violador-en-tu-camino-la-llama-que-desperto-la-cuarta-ola-del-feminismo/

[14] https://badac.uniandes.edu.co/feminicidio-colombia/

[15] https://nacionesunidas.org.co/noticias/la-exposicion-feminicidio-ni-una-menos-llega-a-la-universidad-nacional/

[16] https://www.democracynow.org/es/2018/5/23/la_lucha_de_la_activista_afrocolombiana

[17]  https://brasil.elpais.com/opiniao/2020-02-10/como-a-esquerda-brasileira-morreu.html

[18]  https://amzn.to/2XrtP3a y https://www.youtube.com/watch?v=71tPye_FC68

[19]  https://www.youtube.com/teseonze

[20] https://linktr.ee/fogonoparquim

[21] https://www.youtube.com/temperodrag

[22] https://www.youtube.com/playlist?list=PL5F-jMTgXHoO0I_KUhRsxvjJa3449sn05

[23] https://gabinetona.org/site/

[24]  https://www.brcidades.org/

[25] Estas provincias corresponden un movimiento que desde inicios de siglo en Argentina se han fortalecido notablemente en la protección a los bienes comunes. El momento de constitución de numerosas asambleas surgen en gobiernos populistas en los que las políticas extractivistas crecieron en gran proporción, por lo que han atravesando diferentes gobiernos.

[26] http://www.unidiversidad.com.ar/una-especialista-analizo-las-movilizaciones-por-el-agua-en-mendoza; http://www.laizquierdadiario.com/Tras-anuncios-de-Suarez-miles-en-Mendoza-exigen-la-derogacion-de-las-reformas-a-la-ley-7722

[27] Se hace referencia a mujeres integrantes del Partido Acción Nacional, que es un partido de corte conservador, representante de los intereses empresariales, moralmente alineado con la Iglesia católica y que durante la supuesta alternancia política del año 2000 en que entró a ser gobierno, dio continuidad a las reformas estructurales del estado neoliberal e impregnó de moral católica muchas de las políticas de salud, de educación, etcétera.

[28] Se agradece el texto compartido por Luz Arely Carrillo Olivera “Reflexiones personales de la participación en el movimiento del feminismo separatista”. Facultad de Ciencias. UNAM.

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Mamá de dos wawas, médica, coordinadora del Círculo de industrias extractivas/ Movimiento para la Salud de los Pueblos, coordinadora de la red de Ambiente de ALAMES (AsociAción Latinoamericana de Medicina Social) ; parte del Parlamento Plurinacional de Mujeres y Organizaciones feministas. Comuna.

Por Erika Arteaga Cruz

Mamá de dos wawas, médica, coordinadora del Círculo de industrias extractivas/ Movimiento para la Salud de los Pueblos, coordinadora de la red de Ambiente de ALAMES (AsociAción Latinoamericana de Medicina Social) ; parte del Parlamento Plurinacional de Mujeres y Organizaciones feministas. Comuna.