A diferencia de otros tipos de virus, Covid 19, por hacer de los principales órganos sociales del cuerpo el vehículo de su diseminación redefine las distancias seguras para producir y consumir. Bajo esta tónica, por ejemplo, distancias menores a 1 metro, inherentes al transporte urbano colectivo, al cine, a los centros comerciales, a las reuniones sociales y más, resultan cuestionadas.

Son negocios o actividades espacialmente convertidas en acciones imposibles si el Covid 19 permanece, como se dice, o si ellas no se redefinen en distancias sociales mayores, más o menos 2 metros como longitud segura.

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Es difícil imaginar una vida así. Por eso las soluciones que se escuchan parten de la idea de que Covid 19 en algún momento pasará y que las distancias menores serán recuperadas para la producción y el consumo sin que sean más un problema de salud pública. Cierto, a largo plazo, con la vacuna respectiva. Pero no a corto plazo con elevada capacidad de contagio y sin vacuna. Por esto la reacción frente a Covid 19, quedarse en casa, limitar el desplazamiento de las personas y atender a los enfermos en los hospitales, se entiende. Si, se entiende bien para un período corto dentro del mismo corto plazo. Esto porque la población, en su conjunto, no tiene la misma capacidad de espera en el corto plazo, unos pueden esperar más, otros mucho menos.

La forma de organización de la economía tiene que ver mucho con esto, alude al modo como la estructura forma los precios y reparte los ingresos. Y el problema es que los tiempos de la biología son iguales para todos. Pero esto afecta más a los que padecen de tiempos de espera reducidos, los más, y más aún los afecta si, como se ve, los tiempos de reacción del gobierno o de otros estamentos de la sociedad civil, para atender a estos grupos, son más lentos que los tiempos biológicos. Así las cosas se vuelve cada vez más urgente salir de este escenario. El corto plazo es, en realidad, cortísimo plazo. Por esto la única solución factible es lograr que vuelvan a ser seguras las distancias menores a un metro. Ecuador no tiene ninguna capacidad de inversión para reconvertir su economía, en el plano interior, a distancias mayores. Y menos aún con todas esas soluciones que solicitan recursos a un gobierno agudamente ilíquido.

Las pérdidas por exportaciones no son desmaterializables. Están ahí y son un límite. Y nadie puede saber, cuando reclama prebendas al gobierno y a pretexto de la pandemia, en qué momento la demanda externa se reactivará  y a qué ritmo. Por esto, hoy, no hay organización posible ni solidaridad práctica sin un proceso de destrucción de parte de los ahorros existentes y sin atención en tiempo real a los que no los tienen. Lo que el gobierno tenga sólo puede fluir a quiénes no posean ahorros por destruir. Ni es una solución un mayor endeudamiento externo público para proteger los ahorros empresariales. Lo sensato es que la Banca, por ejemplo, sólo cobre sus créditos e intereses a los negocios que Covid 19 hace viables, incluso porque le amplía sus mercados; respecto a todos los demás debe imaginarse que el tiempo se ha detenido, que los plazos no discurren y que los intereses no las elevan. Y si la Banca no lo hace, por sí misma, el gobierno debe obligarla a que proceda así.

Emitir una moneda propia, transitoriamente y con un programa de reabsorción futura de esa emisión, algo que ya sugerimos, mejoraría la capacidad de acción del gobierno, especialmente para recuperar la demanda interna y darle un respiro a la dolarización. El gobierno decidirá. Así las cosas, más temprano o más tarde, la salida de la cuarentena deberá ocurrir al mismo tiempo que se recupera las distancias cortas entre los cuerpos, para producir, desplazarse, esparcirse y consumir, aun cuando Covid 19 siga entre nosotros.  Y esto sólo es posible, pese a que no exista vacuna, evitando contagios. Y para hacerlo hay que cambiar los rostros de todos. Formar rostros impenetrables para Covid 19. Y mientras más pronto mejor.

 Al gobierno podría  imponérsele multas por no organizar, de manera pública y privada, una masiva producción interior de equipos de bioseguridad para todos, hasta que los contagios desaparezcan. Es la forma más económica y menos traumática para enfrentar a Covid 19. Producción interna porque no existe certeza alguna de recibir esas compras del exterior. El ser humano, decía Freud es un dios con prótesis. Ahora toca llenar su rostro de ellas. La forma de transmisión del virus lo exige para defender la vida y la salud de la población. Esto es el inicio de la comprensión de que la política de desarrollo productivo debe organizarse como expresión y concreción de una política de salud pública, centro de toda política económica. Y también de que el sistema de precios tiene espacios en los que no debe existir. Covid 19 muestra que tan gemelos son los cuerpos de todos; como nuestro depredador nos hermana e iguala a todos como presas. Evidencia y exigencia de que la salud debe ser para todos. De otro modo no podremos sobrevivir en paz.

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Investigador de procesos productivos

Por Carlos León Gonzales

Investigador de procesos productivos