En homenaje a las mujeres trabajadoras en la producción, el cuidado y el ocio, En memoria de María Arboleda que partió este 1ro de Mayo.

Por: Napoleón Saltos Galarza

Club de Leones

Al concepto corrupto del trabajo le corresponde como complemento esa naturaleza que, según la expresión de Dietzgen, “está gratis ahí”. (Benjamin 2013, Tesis XI)

INVASIÓN

Un tema recurrente en el cine es el de los invasores, el peligro viene de afuera, aunque entra en los cuerpos. The Invation, una película del 2007, dirigida por Oliver Hirschbiergel, relata la entrada de un virus alienígena en los restos de una nave espacial de la NASA que estalla al retornar a la tierra. El virus ataca cuando los humanos duermen. Es un virus parecido al de la gripe, por lo cual se esparce sin que la gente se dé cuenta de los efectos, pues invade los cuerpos. Como siempre, aparece la figura salvadora, la psiquiatra Carol Bennet. Los científicos usan la sangre de Oliver, el hijo de la heroína, que es inmune por haber sufrido encefalitis en la infancia, para crear una vacuna que es esparcida en el aire. La gente se cura. Como el virus atacaba mientras dormían, nadie recuerda nada, aunque ya están curados; despiertan de una larga pesadilla.

El virus del SARS-CoV-2 apareció en Wuhan y se esparció en el mundo, hasta convertirse en la pandemia global COVID-19. Retornó el relato del virus invasor. Relatos sobre el origen en los laboratorios de la una o la otra potencia, para sus guerras geopolíticas. Una variante del virus de la gripe que ataca sobre todo a los viejos y a los vulnerables. La mayoría son asintomáticos, no sienten los efectos, aunque pueden ser portadores y expandir el virus. Todavía no llega la vacuna salvadora. La esperanza del poder es despertar de esta larga pesadilla, y volver a la normalidad de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza. Otra vez, no recordar nada. Con ello, el sistema queda liberado de culpa, hasta la próxima pandemia.  

La otra historia es que el virus es el resultado, el punto de quiebre de la modernidad capitalista-patriarcal que se mueve, en un largo período de decadencia, en medio de las formas extremas del modo de vida y del modo de producción que han separado a la sociedad de los otros y de la naturaleza. No es un invasor externo, sino que surge desde adentro de la Mátrix. Es un acontecimiento que acelera procesos que estaban en camino, y develan las urdimbres ocultas.

EL TRABAJO

La pandemia ha vuelto a poner sobre los pies lo que el neoliberalismo trastrocó; colocó al capital como la fuente de la riqueza. Disolvió el imaginario de la revolución que había ordenado la visión del movimiento de la sociedad por dos siglos, a partir de la Revolución Francesa y las sucesivas revoluciones en el mundo.

El neoliberalismo parte de una derrota ideológica profunda de los trabajadores sobre su propia identidad. Logró, en un proceso de construcción de una nueva hegemonía, que los trabajadores se sientan parte del capital, como “empresarios de sí mismo” (Foucault 2007, 249-275), administradores del “capital humano”. “El salario no es ya el precio de venta de cierta cantidad de fuerza de trabajo, sino simplemente un ingreso, y este último, el rendimiento de un capital, una renta. (…) un capital humano, indistinguible de su poseedor, sujeto viviente humano. (…) el trabajador es alguien que debe invertir en su propio capital humano, en sus idoneidades, “de manera que el propio trabajador quien aparece como si fuera una especie de empresa de sí mismo” (Foucault 2007, 264).” (Sacchi 2016).

La licuefacción se convirtió en norma. En la Constitución del 2008 se disuelve el derecho laboral como derecho social, y se establece un doble régimen, diferenciando a los trabajadores, dentro del régimen del Código de Trabajo, de los servidores públicos, dentro de la Ley Orgánica de Servicio Público (LOSEP). La modernización se mueve en un doble proceso, la homogeneización como servidores públicos, eliminando las diferenciaciones normativas para los maestros, los militares, los médicos, etc. Y la individualización, la ruptura de los lazos de solidaridad y de organización, para establecer el contrato de trabajo, como una relación entre los individuos empresario y trabajador.

La memoria del origen del 1° de mayo, el homenaje a los Mártires de Chicago, se disolvió, hasta convertirse en un día festivo ritual. No se trata de la reivindicación de un sector de la sociedad, sino de la forma de organización de la misma: debilitada la visión del mundo desde el trabajo como un derecho universal, se impone la sobreexplotación y precarización del trabajo, el crecimiento del desempleo y subempleo, que afecta al 62% de los ecuatorianos.

Con el paro de la cuarentena, por un momento, se ha vuelto a ver que sin el trabajo el capital no puede crear productos y no puede realizarlos como valor de cambio. El trabajador está en la producción y el consumo de las mercancías, como condición de la reproducción ampliada del capital. La mirada regresa a la contradicción fundacional de clase, del modo de producción capitalista.

Otra vez las batallas de clase entre el trabajo y el capital. La respuesta del gobierno y de las cámaras empresariales busca la salida a la crisis con nuevas formas de sobreexplotación de los trabajadores/as, insiste en nuevas normas de flexibilización-precarización del trabajo.

Estamos ante una pandemia global que afecta al mundo entero. Queda una pregunta, ¿por qué el Ecuador es uno de los más afectados, un eslabón débil a nivel mundial? Una de las fuentes está en la voracidad de una clase empresarial que no tiene límites en el ataque a los derechos de los trabajadores. El patrón de acumulación financiero-rentista-importador, ni siquiera responde a las necesidades de un capitalismo productivo; se asienta en la especulación y en la desposesión de los sectores productivos, de los bienes públicos, de los bienes comunales y de los bienes comunes de la humanidad.

Mientras a nivel global se reconoce a los trabajadores de la salud, médicos, enfermeras, trabajadores hospitalarios, trabajadores de recolección de la basura, como héroes, por estar en la primera fila de la lucha contra el COVID-19, y se busca, aunque tardíamente, protegerlos; en nuestro país, se refuerza el ataque a los derechos laborales de este sector. La Resolución del Ministerio de Trabajo, MDT-2020-023, resuelve “Determinar que la enfermedad del coronavirus (COVID-19) no constituye accidente de trabajo ni una enfermedad profesional.” Para ello, argumenta que la resolución se da “en virtud que la misma fue declarada el 11 de marzo por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como pandemia.” Desconoce que esta Institución señala en “Las normas de la OIT y el COVID-19”: “la enfermedad del COVID-19 y el trastorno de estrés postraumático contraídos por exposición en el trabajo, podrían considerarse enfermedades profesionales (…) En la medida en que los trabajadores sufran de estas afecciones y estén incapacitados para trabajar como resultado de actividades relacionadas con el trabajo, deberían tener derecho a una indemnización monetaria,  asistencia médica y a los servicios conexos según lo establecido en el Convenio sobre las prestaciones en casos de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.” El Estado deslinda responsabilidades sobre el contagio y la muerte de los médicos, enfermeras y trabajadores de la salud por el coronavirus. A la carencia de materiales de bioseguridad y de recursos hospitalarios para enfrentar la pandemia, se suma el desprecio a la vida de los trabajadores de primera fila.

Los despidos masivos crecen. En el sector público, la ola de despidos dentro del Plan de austeridad acordado con el Fondo Monetario Internacional, la fórmula de reducción del Estado, sigue un proceso gradual, para eludir la explosión. La disposición del Ministerio de Economía y Finanzas sobre egresos para el pago de personal es a partir del segundo semestre. Se suspenden los contratos emitidos desde el 1° de marzo, y se eliminan varias instituciones, lo que desemboca en el despido sobre todo de los servidores contratados.

En el sector privado, el argumento de la pandemia abre la puerta a despidos masivos.  Florícola AGRITAB despide a 398 trabajadores, bajo el argumento de que está al borde la quiebra, aunque luego sigue laborando y exportando. En 2018, registró 322 mil dólares de utilidades. EDESA, fábrica de sanitarios, con el lema “acompaña tu vida”, 30 despidos; en 2018 registró 62 millones de utilidades. SEPRONAC, empresa de seguridad privada, 70 despidos; en 2018 registró 688 mil dólares de utilidades. CONFITECA, fábrica de caramelos y confites, con el lema “Alegría al alcance de todos”, despidió a 140 trabajadores; en 2018 registró 4 millones 370 mil dólares de utilidades. LUDOTECA, Colegio con el lema “Educamos para un mundo feliz, 15 despidos. COLINEAL, fábrica de muebles, con el lema “para toda la vida”, 600 despidos; en 2018 registró cerca de un 1 millón 500 mil dólares en utilidades. CASA LINDA, con el lema “La moda en tu hogar”, 30 despidos. CAFÉ DE LA VACA CAFECV Cía. Ltda., cierra sus cuatro locales en forma permanente y “desvincula” a sus trabajadores. “Desvinculación” es el nuevo término light para ocultar el “despido”.

Una nueva fase de lucha, no sólo para defender los derechos a la estabilidad y al salario, sino a la propia fuente de trabajo. La pregunta tendría que ir más allá, en la línea de los trabajadores argentinos que, ante la quiebra de las empresas, buscaron pasar al control directo de las fábricas.

El problema es complejo, cuando se trata de pequeñas empresas, “emprendimientos” familiares, talleres artesanales, empresas comunitarias, que viven al día. Queda la pregunta, ¿cómo asegurar la subsistencia de las fuentes de trabajo? Allí es donde debe operar el apoyo decisivo del Estado con un Fondo de Solidaridad nacional, proveniente de los aportes de quienes se han beneficiado del trabajo de los ecuatorianos. Ahora, otra vez, se deja en el desamparo a los trabajadores y también a los pequeños empresarios; el consejo es “que se pongan de acuerdo”. El número de desempleados y subempleados crecerá, con nuevas formas de pobreza y exclusión.

La exigencia se debe plantear al Estado; pero éste se encuentra concentrado en salvar a las empresas y los bancos, a los monopolios. Por ello, se requiere buscar cómo crear un Fondo de Solidaridad desde el aporte de los trabajadores, de sectores productivos, bajo el control de las organizaciones sociales, en territorio y a nivel nacional, para apoyar la alimentación de la población sin empleo y sin recursos, y la reactivación de las empresas pequeñas y comunitarias, dirigidas a la necesidades y servicios básicos.

El ataque a los derechos laborales, ahora se extiende a la propuesta contenida en el Proyecto de Ley urgente, presentado a la Asamblea, para convertir al IESS en una entidad pública, a fin de manejar los fondos de la seguridad social para el salvataje de las grandes empresas y el pago de la deuda externa, desconociendo la disposición constitucional (Art. 372): “Los fondos y reservas del seguro social obligatorio serán propios y distintos de los del fisco, y servirán para cumplir de forma adecuada los fines de su creación y sus funciones. Ninguna institución del Estado podrá intervenir o disponer de sus fondos y reservas, y menoscabar su patrimonio.”

CAMPO-CIUDAD

La modernidad capitalista se asienta en la expansión de la urbanización planetaria, y la subordinación del agro. El 57% de la población mundial vive en zonas urbanas, y para el 2030 se prevé que subirá al 68%.

La lógica económica se ordena a la acumulación ampliada de capital, el predominio del valor de cambio sobre el valor de uso. La subsunción real al capital se ha ampliado de la esfera de la producción a la del consumo, el control de la vida.

El capitalismo no sólo es un devenir en el tiempo, sino también una tópica, la organización del espacio. Una de las lógicas principales es la fractura campo-ciudad, el abandono y la explotación del campo. En nuestro país, el presupuesto agrario está en 116 millones de dólares de un total de 31.469 millones de dólares, es decir el 0,36%.

La política oficial se orienta a proteger a la explotación agraria rentista para la exportación de productos primarios, a las grandes empresas dirigida al mercado externo. Un modelo agrotóxico, sometido a los intereses de las grandes transnacionales de la renta tecnológica, que controlan semillas, tecnologías, insumos. Los Tratados de Libre Comercio apuntan en esa dirección. Mientras tanto, hay desamparo y desprecio de los trabajadores del “páramo”, vistos como un peligro por las oligarquías, según la expresión de Nebot en el Paro de Octubre.

La cuarentena ha mostrado que el campo es indispensable para la alimentación del país y, en particular, de las ciudades. Antes de la pandemia en Ecuador, la producción de las comunidades indígenas y campesinas aportaba el 60% de los alimentos. Seguramente ahora ha subido el porcentaje, desde la iniciativa de las comunidades y los trabajadores del campo. El Ecuador puede tornarse en una potencia agroecológica. Hay innumerables iniciativas y experiencias de producción, redes de trueque, intercambio y comercialización, prácticas agrícolas de armonía con la naturaleza. Esta es una base para ir más allá del mercado y del Estado y construir redes de un poder autónomo.   

EL TRABAJO DEL CUIDADO

El llamado más importante de la pandemia en referencia al trabajo, es destacar la importancia del cuidado, el lado femenino de la vida. Encerrados en nuestra casa o arrojados a la calle por no tenerla, el cuidado de la vida es la preocupación decisiva.

Trabajo del cuidado, no sólo en referencia a la reposición y reproducción de la fuerza de trabajo para el proceso productivo del capital, sino, sobre todo, como condición de vida.

El capitalismo se fundamenta en el patriarcalismo. Oculta el trabajo del cuidado, que recae sobre las mujeres. Incluso cuando trabajan en la producción y el empleo, soportan doble jornada. La cuarentena nos vuelve a las cuestiones sobre la vida: “¿Cómo llegamos a tener nuestra comida en la mesa? Ésta es la pregunta fundamental de la economía.” La economía liberal argumenta que es la mano invisible del mercado, guiada por el egoísmo del individuo que busca su beneficio particular. Un individuo racional y egoísta, separado del mundo circundante, y separado de las subjetividades de los sentimientos. “Pero si la economía es la ciencia basada en el interés propio, ¿cómo puede la mujer encajar en ella? La respuesta es que, mientras que el hombre ha representado el interés propio, la mujer ha venido a representar el frágil amor que debe ahorrarse y preservarse. Mediante su exclusión. (…) El hombre económico posee todas las cualidades que nuestra cultura atribuye tradicionalmente a la masculinidad: es racional, distante, objetivo, competitivo, solitario, independiente, egoísta, se guía por el sentido común y está dispuesto a conquistar el mundo. (…) La mujer tenía que ser el cuerpo, para que el hombre fuera el alma. A fin de liberar al hombre de su realidad corpórea, la mujer debía ser atada a ésta cada vez con más fuerza.” (Marcal 2016, 19, 46 y 48)

Entre “los peores virus capitalistas” está “la destrucción salvaje de la dimensión femenina de la sociedad que contempla fundamentalmente esa capacidad humana de cuidar a la naturaleza, cuidar a las otras especies y cuidarnos como humanidad.” (Sierra 2020)

Ahora, cuando las necesidades vitales vuelven al centro en tiempos de pandemia, la economía del cuidado ocupa un puesto central, retorna el lado femenino de la vida. Allí esta una fisura que hay que ampliarla, para poder salir cambiados, no regresar a la normalidad del patriarcalismo. Aunque habrá que caminar mucho, empezando por enfrentar las violencias contra las mujeres, que en el encierro se vuelven más riesgosas. No se trata de actividades compartidas, se trata de un viraje en la visión del mundo y en el modo de vida, para recuperar el lado femenino, desde allí encontrar el camino de la unidad mujer-hombre, antes de la culpa, superar el binarismo occidental, construir la unidad arriba/afuera-abajo/adentro. Volver a organizar la economía desde las necesidades vitales de la alimentación, la salud, la ternura, el amor; reconstruir la integralidad del trabajo en un tiempo de producción-cuidado-ocio, bajo el principio del “ayni”, la reciprocidad con los otros y con la madre-naturaleza.

El homenaje en este 1° de mayo debe estar dirigido sobre todo a las mujeres trabajadoras, que expresan la presencia de ese mundo diferente, que están en el cuidado, están en primera fila en la lucha contra la pandemia, están en la producción para la alimentación, la salud, la vida.

LA METAMORFOSIS DEL TRABAJO

El encierro nos ha colocado también ante la “metamorfosis del trabajo”, como resultado de la cuarta revolución tecno-científica, centrada sobre todo en la informática y las ciencias de la vida.  

André Gorz constataba que “La sustitución del trabajo humano por la robótica y la telemática … permite extraer un valor superior al salario pagado anteriormente. (…) la presente mutación técnica exonomiza tiempo de trabajo a escala de la sociedad y no solamente de la empresa. (…) el tiempo de trabajo economizado, a escala de la sociedad, gracias a la eficiencia creciente de los medios empleados, es tiempo de trabajo disponible para una producción adicional de riquezas.” (Gorz 1991, 12-13)

Esta sustitución se da no sólo en los procesos productivos, sino que penetra sobre todo el tiempo de la reproducción: “las orientaciones más comúnmente propuestas para asegurar un `nuevo crecimiento´ apuntan a la informatización y automatización de las tareas domésticas. (…) y a la industrialización e informatización, al menos parcial, de los servicios de restauración, limpieza, cuidados corporales, enseñanza, puericultura, etc.” (Gorz 1991, 13-14)

“La racionalización económica está así destinada a entrar en la esfera de la `reproducción´, en la que aún prevalece el trabajo doméstico no remunerado y no contabilizado y, ni siquiera, a menudo, tenido en cuenta.” (Gorz 1991, 14-15)

Las élites económicas pueden comprar tiempo libre mediante la contratación de un nuevo “trabajo servil”: “la mayoría de los servidores están empleados por empresas de servicios que alquilan a los particulares la mano de obra (precaria, empleada a tiempo parcial, pagada a destajo) que ellas explotan” (Gorz 1991, 18) Allí están los nuevos trabajadores del sistema “uber”, el tele-trabajador, el nuevo “proletariado” calificado, sujeto a formas de sobreexplotación e inestabilidad.

“Lo que nosotros llamamos trabajo es una invención de la modernidad. La forma en que lo conocemos, lo practicamos y lo situamos en el centro de la vida individual y social fue inventada y luego generalizada con el industrialismo.” Ahora se produce una metamorfosis que deja sin piso a la utopía de la “sociedad de los trabajadores”. (Gorz 1991, 25)

“El cambio técnico tiene como efecto segmentar y desintegrar a la clase obrera. En nombre de la ética del trabajo se ha ganado una elite para la colaboración con el capital; la masa se ve condenada al trabajo en precario o es marginalizada, y sirve de ejército de reserva a una industria que quiere poder ajustar rápidamente  los efectivos empleados a las variaciones de la demanda […] Las empresas practican una estrategia de flexibilización en dos planos a la vez: el núcleo estable del personal perteneciente a la firma debe tener una flexibilidad funcional; la mano de obra periférica, por su parte, debe presentar una flexibilidad numérica […]: alrededor de un núcleo de trabajadores estables, que presentan un amplio abanico de cualificaciones, fluctúa una mano de obra periférica con cualificaciones menores y más limitadas, sometida a los azares de la coyuntura.” (Gorz 1991, 93-94)

El neoliberalismo encontró la puerta para expulsar y debilitar al movimiento de los trabajadores a través de la “licuefacción” del trabajo, mediante el desplazamiento del eje de acumulación hacia el capital financiero y la renta tecnológica, mediante el desplazamiento del trabajo hacia los servicios, y mediante la sustitución del trabajador por la nueva máquina informática y robótica. Ahora, hay que recrear las respuestas de los trabajadores, reconstituir su identidad y su organización, para abarcar no sólo a la fracción de trabajadores “estables”, fieles al sentido de la empresa, sino también a los trabajadores precarizados, a los desempleados y subempleados.

OPORTUNIDAD

Este 1° de mayo en pandemia será diferente. No habrá la marcha ritual desde el Ejido a la Plaza Santo Domingo. Y a lo mejor ese vacío nos abra a la oportunidad de un cambio. Reconstituir el poder liberador del trabajo integral, la unidad del tiempo-espacio de producción-cuidado-ocio, como la fuente de nuevas formas de relación con los otros, con la humanidad y con la naturaleza.

“Tenemos la oportunidad excepcional de torcer la historia y abrir caminos de otras formas de vida humana, que no destruya la naturaleza; que no se apropie de los territorios que les corresponde a las otras especies animales; que no expropie, acumule y concentre en pocas manos humanas lo que nos corresponde a toda la especie para tener una vida plena y respetuosa con lo que no es humano; que cuide lo femenino que nos cuida.” (Sierra 2020)

Un paso clave es superar “el concepto corrupto de trabajo”, que fue denunciado por Marx en la Crítica al Programa de Gotha que definía al trabajo como “la fuente de toda riqueza y de cultura”; lo que implicaba un “olvido” de la naturaleza, verla como lo “que está gratis ahí”. Marx responde, “el trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni más ni menos que el trabajo, que no es más que la manifestación de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre.” (Marx 1875) El trabajo humano es expresión de la fuerza de la naturaleza, estamos-somos en el seno de la Madre-naturaleza.

Podemos recuperar el sentido profundo de la reciprocidad (“ayni”) de la humanidad y la naturaleza. “En el mundo animal andino todo está dándose continuamente, generándose y regenerándose, manteniendo y cambiando su armonía interior. Éste es el mundo de la diversidad, de la heterogeneidad, donde cada quien, ya sea un hombre, un árbol, una piedra, es una persona, en el sentido que dialoga y reciproca de igual a igual con cualquier otro, pues siempre está relacionado con equivalentes (la equivalencia de los heterogéneos) a pesar de su incompletitud y su pertenencia a una Comunidad.” (Grillo 1991, 26)

Trabajos citados

Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. 31 de Mayo de 2013. https://marxismocritico.com/2013/05/31/tesis-sobre-la-historia-y-otros-fragmentos/ (último acceso: 5 de Abril de 2020).

Foucault, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collége de France (1978-1979). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007.

Gorz, André. Metamorfosis del trabajo. Búasqueda del sentido (Crítica de la razón económica) . Madrid: Editorial Sistema, 1991.

Grillo, Eduardo. «La religiosidad en las culturas andina y occidental moderna.» En Cultura Andina Agrocéntrica, de Francois Greslou y otros, 11-48. Lima: PRATEC, 1991.

Marcal, Katrine. ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? Una historia de las mujeres y la economía. Buenos Aires: Debate, 2016.

Marx, Carlos. Crítica al Programa de Gotha. 1875.

Sacchi, Emiliano. «Neoliberalismo y servidumbre maquínica gubernamentalidad cibernética.» Soft power IV, nº 2 (Julio-Diciembre 2016): 145-163.

Sierra, Natalia. «Una oportunidad para torcer la historia humana.» ecuadornoticias.org. Abril de 2020. https://ecuadornoticias.org/una-oportunidad-para-torcer-la-historia-humana/ (último acceso: 1 de Mayo de 2020).

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