Elecciones

“Lo que más neta y claramente diferencia en esta época a la burguesía y al proletariado es el mito. La burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista ha envejecido demasiado. El proletariado tiene un mito: la revolución social. Hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa. La burguesía niega; el proletariado afirma.”  (Mariátegui, 2010)

En tiempos electorales regresa la pregunta, ¿qué hacer para fortalecer el camino de la liberación? Regresan los debates sobre las formas de lucha, saber si las elecciones pueden contribuir a la organización o son más bien un peligro, un riesgo y hasta un mal. Y es difícil desde esa pregunta encontrar el camino, las respuestas se dividen entre los que apoyan al candidato del movimiento indígenas y los movimientos sociales, y los que critican el juego electoral y proclaman el voto nulo. El riesgo es el debilitamiento de la energía liberadora.

La pregunta no es sobre la forma de lucha, sino sobre el camino de nuestro pueblo, sobre la forma en que podemos garantizar la autonomía de las fuerzas populares y la incidencia en la dirección cultural de las masas. Estar en el mundo, pero no ser de este mundo, caminar junto a la experiencia de la gente, en medio de la incertidumbre y el caos de las opciones políticas. No es únicamente la salvación de la conciencia individual, sino el acompañamiento al paso por el pantano, para no detenernos en medio de las ilusiones electorales. Construir el camino en medio de la lluvia y del sol, juntar, suturar los tiempos largos de la estrategia, de la visión del mundo y de la vida, con los tiempos urgentes de la coyuntura electoral; combinar las diversas resistencias anticapitalistas, antipatriarcalistas, anticoloniales. El primer paso es tratar de entender la geografía por la que atravesamos.

LOS PUNTOS DE RUPTURA

Desde una perspectiva liberadora, hay que ver, cepillar la historia “a contrapelo”, como dice Benjamin (2008, págs. 43, Tesis VII). Los procesos históricos se entienden desde los puntos de ruptura, las inflexiones, los acontecimientos que marcan la dirección del tiempo. Una forma de averiguar los puntos de ruptura es averiguar qué es lo nuevo en medio de la continuidad, cuáles son los fenómenos alterativos. Luego se verá si son alternativos.

Hay tres procesos nuevos en la actual contienda electoral: la Consulta del agua en Cuenca, la fractura entre presentación y representación, y la irrupción de un tercero en disputa. Es posible trazar rutas en la respuesta a estas fisuras; y se abre la posibilidad de optar por la militancia en las diversas fracturas bajo el principio de la autonomía.

LA CONSULTA DEL AGUA

La atención se ha centrado en las elecciones presidenciales; pero se dan cuatro elecciones, además de la presidencial, la elección a Asambleístas, y a Parlamentarios andinos, está la Consulta del agua en Cuenca. Lo nuevo es la Consulta del agua que afecta a uno de los pilares de la reproducción de capital, al rentismo minero.

Esta Consulta es el resultado de una larga lucha de resistencia de los pueblos del páramo de Cuenca y de la solidaridad de los ciudadanos. Muestra la posibilidad de la acumulación autónoma y de la recurrencia a la lucha electoral bajo la forma de la Consulta, a partir de las preguntas ganadas, construidas, en confrontación con el Estado. Puede convertirse en un proceso alternativo nacional, sobre la base del pronunciamiento local, siempre que tengamos capacidad de militar y convertirlo en acontecimiento que fundamente un nuevo programa. Hay que ver hasta dónde hemos podido aportar más allá de Cuenca, cómo participamos para que el sentido de la lucha por el agua marque el sentido de la defensa de la vida en la gente.

El primer paso es asegurar el resultado del 7 de febrero; pero luego viene lo difícil, la lucha por su ejecución. Lograr que otros municipios en que se presenta el conflicto entre el agua y la minería, puedan seguir el ejemplo, y avanzar a una consulta nacional para liberar al país de minería metálica y declarar territorios libres de minería y de extractivismo petrolero a las zonas de biodiversidad y de páramo, a los territorios comunales y de los pueblos indígenas, de los pueblos en aislamiento voluntario. Lograr que la nueva Asamblea convierta en ley el pronunciamiento popular. Vigilar para que no se escamotee el resultado, porque hay fuerzas poderosas que se oponen. Y hay casos en que se ha triunfado en las Consultas locales, como en Huaquillas, en el 2006, sobre el trazado de la vía internacional por las cercanías de la población, para defender las fuentes de trabajo de la gente dedicada al comercio, y la integración vital de los pueblos limítrofes. El candidato Correa se comprometió a respaldar, y una vez en la presidencia impuso el trazado de las transnacionales.

El camino está abierto. Militar en la lucha por el agua y la vida implica juntar las resistencias antiextractivistas locales en una red-movimiento nacional, que sea el soporte de las resistencias al dominio colonial; consolidar las alternativas de vida en los territorios invadidos por la minería, las semillas de la agroecología en alianza con la consumo-cultura ecológica urbana; fortalecer la organización autónoma, comunitaria.  

LA FRACTURA ENTRE PRESENTACIÓN Y REPRESENTACIÓN

Las elecciones se mueven en el campo de la representación. Para comprender y actuar hay que partir de la presentación: ¿Qué pasa en la economía y el poder?

El segundo fenómeno alterativo es la ruptura entre presentación y representación, entre las preocupaciones cotidianas de la gente y el proceso electoral. Según las encuestas, a dos de cada tres ecuatorianos no les interesan o les interesan poco las elecciones. Están preocupados, más bien, por saber cómo salir vivos de la pandemia y de la crisis económica, les interesa la salud, la alimentación, el cuidado, el trabajo, la educación.

Esta ruptura muestra que ya no estamos sólo ante una crisis de representación, de la “partidocracia”, como en el 2006, que permitió la entrada de un outsider salvador. La inflación de partidos y movimientos (283 con registro electoral) y de candidatos (16 binomios y 2.800 candidatos a asambleístas) muestra el desgaste y dispersión de la representación de los partidos. Pero ahora la desconfianza de los ciudadanos se extiende a todas las funciones del Estado. Según las encuestadoras, el Ejecutivo contaría con una aprobación del 8%; el Judicial, 7%; y el Legislativo 3%. El CNE, en medio del proceso electoral, tiene una credibilidad del 5%. Una crisis del sistema de democracia representativa-liberal.

Electoralmente esta fractura puede expresarse como un mayor ausentismo y el crecimiento del voto nulo. Se anuncia que el voto nulo puede estar en el 30%; aunque, conforme se acerque el día del sufragio, tenderá a bajar, se mantendrá en un porcentaje más alto que el tradicional: 2006: 11,8%, 2009: 6,3%; 2013: 7,2%; 2016:7,0%. Allí pueden converger diversas tendencias, desde la crítica ideológica, hasta la banalidad de la política, en torno a la figura excluida de Álvaro Noboa, que reclamará para si el resultado.

Esta fractura emerge en procesos más profundos. En medio de la pandemia, han surgido experiencias de desconexión del Estado y del mercado, la presencia de una democracia directa-comunitaria, para atender la crisis económica y sanitaria. Allí puede estar la semilla para la militancia en la construcción de un poder autónomo territorial, con la capacidad de fundamentar un programa que se organice en torno a las necesidades vitales de los pueblos y la armonía con la naturaleza.

UNA DISPUTA A TRES BANDAS

Y el tercer fenómeno alterativo es que la contienda electoral se presenta a tres bandas, superando el binarismo tradicional que operó desde el 2006, entre Correa, constituido en el representante de la “izquierda progresista” y la derecha oligárquica, ya sea de Noboa o de Lasso.

El binarismo se expresó en la reducción de las opciones al clivaje izquierda-derecha, en donde el carácter de  izquierda se diluyó e instrumentalizó, dentro de la estrategia del “bien menor”. Cualquier medida, una carretera, una central hidroeléctrica o los edificios de las escuelas del milenio, eran proclamados como el signo de la revolución ciudadana, sin referencia a un cambio del patrón de acumulación capitalista y a la ética de la honradez y la solidaridad. Cualquiera era definido de izquierda, con tal que esté con el “proyecto”. Las críticas eran convertidas en ataques y en apoyo al imperialismo o la oligarquía. Se instituyó una especie de fascistización de la política, en la relación amigo-enemigo, para asegurar el interés de los “amigos”, la facción, y ya no el bien general, la visión de la nación. Del otro lado, la réplica neoliberal y el discurso anticomunista, en un juego de espejos con el correismo, terminó por clausurar el espacio político.

La irrupción del candidato de Pachakutik, Yaku Pérez, con posibilidades de entrar a la segunda vuelta, o al menos de contar con un porcentaje significativo de votos más allá del tradicional 4%, altera ese juego. El PK ya no se presenta como el “brazo político de la CONAIE”, sino que se ha proyectado como un frente político más amplio, con respaldo de los pueblos indígenas y los movimientos sociales, la inclusión de sectores urbanos, de pequeños y medianos empresarios, con apoyo en las ciudades y una penetración en la Costa.

La campaña del PK se ha movido en la presentación de un programa de cambios en torno a los ejes de la ecología y la economía productiva, de respuesta a temas claves como la relación de armonía con la naturaleza, la defensa del agua y la vida, la reorganización de la economía y la política en torno a las necesidades vitales de la gente, salud, alimentación, cuidado; y un discurso, dentro de la estrategia de captación del voto, de aceptación y concesión a algunas demandas del mercado y a las presiones de las relaciones internacionales. Habrá que ver la capacidad de convertirse en una fuerza alternativa, o quedarse en el marco de los juegos de la democracia representativa-liberal.

Los movimientos sociales, como dice la Comuna Rebelión, no pueden esperar “que Yaku realice la revolución que tanto queremos. No le será posible en un país quebrado y sumido en una crisis tan profunda. Pero si aspiramos que pueda realizar reformas importantes que garanticen salud, educación, el empleo para los más pobres, y a que, siendo fiel a la lucha antiminera, pueda abrirle paso al país hacia la construcción de una economía no sustentada en la explotación de la mano de obra y la naturaleza.” (Comuna Rebelión y Comisión de Vivencia Fe y Política, 2021) La autonomía implica darle la vuelta a la decisión electoral, para que el sujeto no sea el candidato, sino la voz, la propuesta de los pueblos y las organizaciones.

EL PRIMER ROUND

Por encima del manejo de las cifras de encuestas, se puede prever que habrá segunda vuelta. El porcentaje de indecisos es muy alto, en torno al 40%, por lo cual estamos ante un desenlace abierto.

Entramos en la semana final de la primera vuelta. Arrecia la ofensiva propagandista con el juego de encuestas triunfalistas, para crear el imaginario del voto útil, con una ola de fake-news y de ataques al otro, con ofertas clientelares y donaciones. El objetivo es sobre todo el voto de los indecisos.

La decisión del voto no es un acto, es un proceso: una microfísica de la decisión. No es un acto individual, se realiza en la interacción de relaciones culturales y políticas.

Opera en una dialéctica de dos tiempos: un tiempo originario social y personal, la visión del mundo, de la vida y las pulsiones constitutivas; y el tiempo presente, las circunstancias, las relaciones, los nuevos impulsos. Un sustrato estructural-cultural, puede llamarse visión del mundo, inconsciente colectivo, proyecto de vida; un movimiento de largo plazo, de las culturas y civilizaciones; se mueve más en el campo de los símbolos, de los imaginarios. Y un proceso político de formación de la opinión y la decisión pública, la disputa de sentidos; se mueve en el vaciamiento de los significantes para investirles de los significados interesados. En tiempos electorales la propaganda, la publicidad y el márquetin juegan con los dos tiempos, para centrarlos en el ámbito emocional. Actualmente, los medios de comunicación y las redes sociales son el terreno principal de formación de la opinión y la decisión públicas.

LAS MÍTICAS ELECTORALES

La dirección cultural se forma en procesos largos, la visión del mundo y de la vida. En la fase actual de decadencia del sistema-mundo capitalista, “la burguesía no tiene ya mito alguno. Se ha vuelto incrédula, escéptica, nihilista. El mito liberal renacentista ha envejecido demasiado.” (Mariátegui, 2010) Y entonces da un salto a diversas formas de distopías a-humanistas, centradas en la imposibilidad de alternativas, un tiempo ineluctable; esperanzadas en la solución de la inteligencia artificial; y asentadas en la privatización de los social y la constitución del ser humano como al “empresario de sí mismo”, el trabajador “uberizado”, en donde se diluye la relación fundante capital-trabajo, “siendo él su propio capital, siendo para él mismo su propio productor y siendo para él mismo la fuente de sus ingresos”. (Foucault, 2008, pág. 265)

La pandemia ha acelerado los tiempos y ha mostrado la tendencia hacia un patrón de acumulación financiero-rentista y el paso a un Estado de seguridad y control, con formas extremas de sobreexplotación de la naturaleza y el trabajo. El mundo enfrenta la triple dominación capitalista-colonial-patriarcal.

Este dominio cultural puede adoptar diversas formas, según los tiempos y las geografías. Como señala Natalia Sierra, el ritual de la dominación masculina se reproduce en los discursos electorales: “El debate presidencial fue una repetición más de esta práctica de violencia propia del mundo dominado por la masculinidad patriarcal. Un grupo de hombres que competían por mostrar quién es el más apto para dirigir el estado (léase el más macho, el más dominante, el que tiene derecho a llevarse el privilegio del poder político). La sociedad a la que aludían de manera retórica es la muñeca inflable, un pretexto para realizar su ritual de poder y violencia política. Sentí que, en ese ritual masculino de la política estatal, la sociedad realmente no importa, está allí para que los machos candidatos desplieguen su violencia y poder, para que ostenten su fuerza entre ellos mismos y así, más allá de sus peleas y confrontaciones, afirmen la dominación masculina del Estado frente a la sociedad.” (Sierra, 2021)

La profundidad del dominio estructural, la naturalización del patriarcalismo, se expresa en que no se manifestó en un discurso, en un tema de debate y diferenciación dentro de la campaña electoral (¿para bien o para mal?). Tampoco los movimientos feministas introdujeron temas, como sucedió en Argentina, sobre la libertad del cuerpo y la descriminalización del aborto, dentro de las agendas de los candidatos (¿debilidad o acierto?). Incluso los adalides de las tesis “pro-vida” prefirieron pasar “por la sombrita”, con referencias genéricas sobre la defensa de la vida, como en la intervención del Pastor Almeida en el debate, o los acomodos sobre el respeto de los derechos de los GLBTI por parte del candidato Lasso. Del otro lado, la propuesta avanzó hasta el reconocimiento del trabajo del cuidado, la lucha ante la violencia contra las mujeres, y la defensa del aborto terapéutico y en situaciones de violación.

En términos electorales la dirección cultural se expresa como una mítica, un relato ordenador. En la actual campaña han operado tres relatos principales.

EL GRAN AUSENTE

Por el lado del correismo, operó la mítica del Gran ausente, de raíz velasquista: “la política ecuatoriana no ha cambiado tanto desde los tiempos del velasquismo. (…) Porque siempre habrá una solución mágica, rápida e indolora de nuestros problemas, ya asomará el mesías que nos llevara de la mano, o de la oreja, al paraíso.” (Cuvi, 2007)

El fantasma de Correa, inflado por los ataques que le han convertido en la víctima, tiene fuerza para arrastrar el apoyo al candidato designado a la segunda vuelta. No se trata de “Déjenlo volver” del bucaramismo, sino del imaginario de la “recuperación del futuro”, es decir del retorno de la salvación lograda, reforzada por las ofertas clientelares (la oferta de mil dólares para un millón de familias)

Esta mítica juega un papel de reconcentración de la facción adepta, en una relación de fidelidad, con un relato que se extiende a la victimización de perseguido político y la ausencia de pruebas de la corrupción del régimen; a la vez que proyecta la imagen del paraíso perdido ante los sectores beneficiarios del período de abundancia.

Se mueve en el tiempo corto de las causas de la crisis actual, atribuida a la traición del régimen de Moreno; con lo cual deslinda campos de responsabilidad y puede constituirse en la oposición con réditos políticos. No es que le falte razón en señalar la responsabilidad de Moreno, agravada por la incapacidad y la corrupción en medio de la pandemia, sino que niega las raíces profundas de la crisis actual, que expresan el fracaso de los dos modelos que han gobernado desde el retorno constitucional, tanto el neoliberalismo clásico, como el neoliberalismo progresista. Los dos modelos tienen como cordón umbilical el patrón de acumulación financiero-rentista-importador, con variaciones, mientras la forma clásica coloca como centro el mercado, la forma “progresista”, desde una visión neokeynesiana, destaca el papel del Estado bajo control del partido.

Se fundamenta en el imaginario del “progreso, que no se atenía a la realidad sino que poseía una pretensión dogmática.” (Benjamin, 2008, págs. 50, Tesis XIII) Dentro de una visión etapista, impulsa un proyecto de modernización de la economía y del Estado capitalistas. Un modelo que se basa en la explotación de la naturaleza, bajo el discurso de la buena tecnología; en la oferta del éxito individual, bajo el discurso de la meritocracia y la oportunidad de los expertos, con la tecnocracia como sujeto; y en la promesa de la asistencia, que se vuelve imposible en el actual período de escasez y crisis.

LA SALVACIÓN DEL MERCADO

El relato de Lasso es un remake del discurso global del mercado, con el formato del “hombre que trabaja”, ensayado desde los tiempos del Frente de Reconstrucción Nacional, ahora bajo formato del banquero. La salvación viene de la inversión del capital y la apertura al capital internacional. La sombra del Programa del Fondo Monetario Internacional planea sobre el programa electoral.

CREO y el Partido Socialcristiano lograron un pacto temporal en oposición al “correismo”. El imaginario del mercado libre y la libre iniciativa, les permitió dejar por un momento los matices. Lasso está vinculado a una visión del capital financiero global, el discurso de los globalistas; mientras Nebot, por su vinculación a los agroexportadores, ajusta el relato neoliberal con la defensa de condiciones de comercio desde el país, representa los intereses de la oligarquía territorialista.

Lasso presentó inicialmente el recetario completo: monetización (el nuevo término para ocultar la privatización) del patrimonio público, flexibilización laboral con salarios mensuales de 120 dólares, apertura financiera, modelo minero-extractivista. La prepotencia del capital se vuelve una teología del mercado. En medio de la campaña, sobre todo en los últimos días, ha tratado de ajustar el programa a las demandas sentidas, por la resistencia social, en temas como  el salario.

DESDE ABAJO

La irrupción del candidato del Pachakutik, Yaku Pérez, viene desde abajo. Octubre 2019 marcó una nueva presencia de la resistencia social, encabezada por el movimiento indígena y los movimientos de mujeres, con el respaldo de los movimientos sociales y amplios sectores medios. No se centró el objetivo en la caída del gobierno, como sucedió en levantamientos anteriores, y como pretendía el correismo, sino en la derogatoria del Decreto 883, como símbolo del programa neoliberal. Octubre abría la puerta de una resistencia programática, que fue asumida desde el Parlamento de los Pueblos.

Esta energía quedó interrumpida temporalmente tanto por la contraofensiva del gobierno y la derecha empresarial, como por algunos límites y signos de fractura dentro del movimiento indígena. La pandemia fue instrumentalizada para esta contención y la aceleración de las políticas neoliberales. Al mismo tiempo, la contienda electoral ha concentrado la atención de los actores sociales. Sin embargo, la perspectiva del 2021, en el contexto de la crisis económica más profunda en los últimos 120 años, como dice la CEPAL, apunta a la superposición de los tiempos electorales con los tiempos de la movilización social.

El discurso desde abajo tiene una bifurcación. Desde abajo hacia arriba, la imagen del candidato que nace abajo y puede acceder a la presidencia, que bordea la imagen del ascenso social, aunque marcada por la trayectoria de la luchas de resistencia al extractivismo y de defensa de la vida. Y la posibilidad desde abajo hacia afuera, en la presentación del mito de la revolución social, como utopía movilizadora, “hacia ese mito se mueve con una fe vehemente y activa.” (Mariátegui, 2010)

Este es el debate en las filas de los movimientos sociales y de la izquierda autónoma. La pregunta clave: ¿es posible construir una fuerza autónoma en medio de la participación electoral? La respuesta no es simple. Ya no es suficiente ni posible la fórmula reforma-y-revolución, como en los tiempos de Rosa Luxemburgo. El sistema ha copado todos los espacios y tiene alta capacidad de reabsorber los procesos de la disidencia. La posibilidad se ubica en los bordes, en las fisuras antisistémicas, en las semillas alternativas. ¿Hay un tiempo de transición o de salto?

OTROS DISCURSOS

En el proceso electoral han surgido otros discursos menores que pueden tener algún impacto y anuencia. La presencia del candidato de la ID, Xavier Hervas, a través de la redes sociales, puede calar en algunos sectores milenians, con un imaginario de reformas sectoriales y la recuperación de un imaginario socialdemócrata recortado. Las denuncias contra la corrupción pueden recoger adeptos, aunque no tienen la fuerza de propuestas alternativas.

¿SEGUNDA VUELTA?

El desenlace es incierto. ¿Puede haber un triunfo en primera vuelta? ¿Quiénes pasan a la segunda vuelta?

Para los movimientos sociales, la pregunta seguirá abierta, ¿cómo construir la autonomía de las organizaciones sociales?, para que, cualquiera sea el desenlace electoral, nos encuentre movilizados, a fin de que el peso de la salida a la crisis económica y a la pandemia no recaiga sobre los hombros de los empobrecidos. La respuesta empieza por la acción y no por la abstención. El camino se construye al andar.

Bibliografía

Benjamin, W. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. (B. Echeverría, Ed.) México: UNAM.

Comuna Rebelión y Comisión de Vivencia Fe y Política. (02 de Febrero de 2021). Frente a las elecciones. Obtenido de PDF

Cuvi, P. (2007). Velasco Ibarra: el último caudillo de la oligarquía (Quinta reimpresión ed.). Quito: Eskeletra.

Foucault, M. (2008). El Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979). Madrid: Akal.

Mariátegui, J. C. (2010). El hombre y el mito. En J. C. Mariátegui, & H. Alimonda (Ed.), La tarea americana. Buenos Aires: Prometeo Libros/CLACSO.

Sierra, N. (18 de Enero de 2021). El ritual de la dominación masculina en el debate presidencial. Obtenido de Ecuadortoday: https://ecuadortoday.media/2021/01/18/opinion-el-ritual-de-la-dominacion-masculina-en-debate-presidencial/

+ posts

Militante de los Movimientos Sociales.
Comuna-Ecuador

Por Napoleón Saltos Galarza

Militante de los Movimientos Sociales. Comuna-Ecuador