Por Carlos Velasco Mora

Cuando esta pesadilla termine, después del encierro obligado para cuidar de nuestras vidas, cuando podamos volver a la normalidad, no debemos hacerlo.

Club de Leones

Cuando podamos continuar nuestra vida es hora de dejar el pasado, de hacer de este un lugar al que no queremos volver. La nueva oportunidad será nuestro cambio, nuestra transformación, tanto a nivel personal como colectivo. No podemos ser los mismos después del coronavirus, ni nuestro país, tampoco. Nos haremos más sensatos, resistentes y generosos; más conscientes de lo que, de verdad, tiene importancia en la vida; y espero que, también, menos egoístas, inmaduros e individualistas.

El Ecuador que venga tiene que ser también otro. Empecemos diciéndole adiós a todos los discursos que generen división y conflicto interno, sean de la índole que sean, porque suponen una carga que nos limita, empequeñece y nos divide en rencillas estériles. Vamos a salir de ésta, pero debemos ajustar cuentas con todos los lastres históricos y presentes, y entonces podremos escribir una nueva historia.

Deberemos exigir a nuestros políticos que dejen de hacer demagogia, que cumplan su obligación o se vayan a su casa, no podemos permitir que los intereses de un grupo se antepongan a los intereses de todos. La salud debe ser universal, gratuita y sobre todo de buena calidad, la destrucción de los sistemas de salud públicos para fomentar negocios privados nos ha llevado a esta catástrofe. Exijamos planes para el fomento de la reindustrialización, en base a criterios de sostenibilidad medioambiental y equilibrio demográfico. Exijamos a nuestras empresas que relocalicen progresivamente su producción y den vida con ello a nuestras ciudades y pueblos.

Hemos despertado de golpe de un sueño construido por el Marketing que nos habla de modelos exitosos, un barrio sin condiciones mínimas de salubridad, con un hacinamiento extremadamente elevado y todos los problemas sociales que ello conlleva no pertenece a ningún modelo, no podemos permitir más el abandono de muchos sectores de nuestra patria, porque la realidad nos volverá a alcanzar y la próxima vez seremos más culpables.   

Empecemos a respetar la casa que habitamos, la naturaleza nos brinda la posibilidad de existir, de ella tomamos todo lo indispensable, esta experiencia debe hacernos comprender lo que es importante y lo que podemos prescindir, en nombre de un falso progreso debemos dejar de destruir el planeta.

Comprendamos de una vez por todas que nuestras decisiones como consumidores son mucho más relevantes en el mundo actual que nuestras decisiones como votantes. Deberemos exigir a los productos y servicios que consumamos una calidad mínima, apostando por la producción localizada frente a la especulación comercial que nos vende una ínfima calidad con el engaño de la superabundancia.

No podemos volver a quejarnos de que los jóvenes se van del país si no apoyamos a nuestra economía real. No podremos exigir sanidad pública, ni Estado del bienestar, si seguimos comprando todo en plataformas online monopolísticas, y promoviendo el cierre de comercios y fabricantes locales. No esperemos que nuestra industria crezca si nuestro viaje favorito para los feriados es salir de compras de contrabando a los países vecinos. No podremos ser los más solidarios si no comprobamos la procedencia de los productos que adquirimos, y primamos y apoyamos a las empresas y productores nacionales que cumplan con sus obligaciones sociales, medioambientales y laborales.

No podremos volver a faltar el respeto a nuestros agricultores, ellos que en estos momentos desde su infinita solidaridad nos están alimentando, que no han parado y han demostrado que son más necesarios que cualquier político, futbolista o estrellita de la tv.

Llegará el día en el que volvamos a la calle, y toda esta pesadilla quede atrás. Pero no debemos olvidar lo que hemos sufrido y por qué hemos sufrido. Convertir el sufrimiento en conocimiento es una de las cosas que ha hecho al ser humano salir adelante. La pandemia es  el momento en que tocamos fondo. De no ser así, habremos fallado como país, como colectivo. Habremos dejado pasar la oportunidad de prepararnos para un futuro que nos indica un cambio.

Si no lo hacemos, nos quedaremos sin aprender nada de esta terrible experiencia, y dejaremos nuestro futuro en manos de los mismos que han sido incapaces de medir y afrontar la dimensión de esta tragedia. Y lo que es peor de todo: habremos faltado el respeto de todos aquellos médicos, policías, militares, trabajadores de los comercios, gasolineras y muchos otros que están jugándose su vida por nosotros, convirtiendo en vano su enorme esfuerzo y la memoria de todos aquellos que han muerto, a veces totalmente solos y de forma indeseable, y no mereceremos su perdón.

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Comuna-Ecuador

Por Carlos Velasco Mora

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