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A puertas de las próximas presidenciales, hay quienes aprovechan la ocasión para hacer apología de la gestión del primer gobierno de Alianza País (AP), el de Rafael Correa, y nos muestran las bondades del actual candidato de esa tendencia.

No basta con que “Arauz es un talentoso economista”. Aun si así fuera, talentosos profesionales y no profesionales hay por miles en el Ecuador, pero eso no les da credencial de candidatos idóneos para la presidencia.

Club de Leones

El candidato Arauz, al parecer, tiene una importante tendencia de voto para la primera vuelta, al menos por el momento. El populismo es hábil para lograr simpatía y votos, con bonos, con el manejo político clientelar de grandes recursos desde el poder; el efecto de ello suele ser duradero. En Argentina la gente no se olvida de Perón y de Evita, los veneran como si estuvieran aún presentes, aunque muchos no los conocieron.

Pero, hablando de talento. De hecho que Correa y su ahijado Moreno, han tenido cientos de “talentosos” ministros, asesores y autoridades de todo nivel (al menos así se dicen a sí mismos). Hay que mirar sin embargo los resultados y hay que examinar sus actuaciones. Conozco a muchos de ellos en el sector salud, jóvenes y no tan jóvenes, “brillantes” y a la vez pequeños tiranos. Muchos talentosos ex funcionarios están ahora en la cárcel, en procesos penales o prófugos de la justicia. Otros pasan desapercibidos porque nadie denunció sus delitos y abusos, por terror. Hay muchos que cobraron diezmos, no sólo la ex vicepresidenta Vicuña o los involucrados en “arroz verde”.

No sabemos a ciencia cierta que esperar de los otros candidatos, si llegaran al poder. De algunos podemos intuir. Sabemos el autoritarismo y la violación a los derechos humanos que caracteriza a los socialcristianos y sus aliados, hoy tras la candidatura de Lasso. Pero acaso ¿el correísmo no cometió los mismos pecados?

Parece risible que algunos, por desprestigiar a algún candidato al que consideran amenaza para sus intereses, lo comparen con Maduro. No tiene sentido. Ese nefasto personaje es único, como lo son otros personajes del progresismo latinoamericano y del mal llamado “socialismo del siglo XXI” que, de socialista no tiene nada. Hay sólo que mirar la imagen de Daniel Ortega y su perturbada consorte, que en inédito binomio presidencial – marital, se enriquecen sin medida, reprimen violentamente y destruyen el futuro del pueblo nicaragüense.

Uno de los procesos rescatables del progresismo latinoamericano, es el boliviano. Por su mayor autenticidad, por la identificación con la diversidad cultural de sus pueblos. Pero Evo Morales, al igual que el gobierno cubano, cometieron el error de apoyar incondicionalmente los procesos “progresistas”, sin conocer la realidad de cada país. Además de tremendos errores que cometió el mismo Evo con muchos de sus propios pueblos y nacionalidades, con sus dirigentes, que pudieron ser sus aliados pero se convirtieron en sus enemigos. Sin olvidar también su poca responsable política ambiental. Ojala Arce y Choquehuanca puedan corregir esos y otros errores, para que el proceso boliviano vaya adelante.

Lamentablemente, ese panorama que se ve optimista en Bolivia y posiblemente en Chile por el proceso constitucional y la gran movilización social, no asoma ni de lejos en el Ecuador este momento.

Lo que si sabemos es que el correísmo-morenismo (porque no van a negar que Moreno es uno de los suyos), ya demostró el desastre que puede causar. Y no sólo por las hambres atrasadas que les llevó a muchos a delinquir para convertirse en nuevos ricos. La corrupción es connatural al modelo de desarrollo concentrador de capital y el correísmo-morenismo no se salva de ello. La acumulación original muchas veces suele hacerse desde el poder, en base a dineros públicos.

Tampoco es sólo el cogobierno con grandes capitales (Eljuri, Isabel Noboa Pontón, la gran banca privada… capitales transnacionales chinos, europeos –no olvidar el TLC UE/Ecuador- y norteamericanos) y con la ultraderecha conservadora (Alexis Mera, Nathalie Cely, el Plan Familia de Correa y Mónica Hernández, o el actual gabinete de Moreno. La lista es larga y triste).

Pero si vale destacar de manera especial las leyes y acciones represivas, la persecución al movimiento popular y sus dirigentes, la destrucción de organizaciones sociales y gremiales, la creación de organizaciones paralelas clientelares. El detalle de casos importantes está en la memoria de los ecuatorianos. ¿Dónde quedó entonces la identidad con el pueblo?

En el sector salud, lo ejemplos de abusos del correísmo-morenismo también abundan, por desgracia. Muchos confiamos al inicio en la posibilidad de fortalecer la salud pública y hasta pusimos el hombro en los primeros años del gobierno de Alianza País. Pero luego de la aprobación de la Constitución del 2008, al fin se pudo ver las verdaderas intenciones. Se pudo arrancar algunos logros en los textos constitucionales. Pero no se supo en un primer momento que se venía un agresivo proceso privatizador en salud. Claro que hubo mayor gasto en salud, pero fue a parar a manos privadas y Ecuador sigue siendo de los países latinoamericanos con mayor gasto de bolsillo en salud. Amén del reparto de hospitales y otras corruptelas, tal como una millonaria consultoría de Gens Sapiens que entregó unos supuestos diagnósticos de cuatro hospitales, carísimos e inservibles mamotretos.

Destruyeron organizaciones importantes como los consejos cantonales de salud y los comités de usuarios de la ley de maternidad gratuita y atención a la infancia. Se los remplazó por comités locales de salud, clientelares, ligados al poder. Crearon un consejo sectorial de salud, donde sólo cabían los partidarios de la “revolución ciudadana”. Destruyeron el Consejo Nacional de Salud CONASA, que hoy es sólo una sombra.

La represión de los profesionales y trabajadores de la salud, los despidos masivos injustificados, no se borran fácilmente de la memoria. Algunos fueron intervenidos en sus computadoras y sacados de sus puestos de trabajo a la fuerza por la policía, a punta de fusil. Impusieron pequeños tiranuelos como autoridades y asesores, en todos los niveles.

Inventaron una nueva estructura (en remplazo de las direcciones provinciales y áreas de salud), que hasta hoy no funciona. Se inventaron un modelo de atención, que en lugar de aportar, sólo sirvió para destruir los programas de salud pública exitosos. La planta central del Ministerio de Salud Pública MSP creció de 400 a 2000 funcionarios, pero la eficiencia disminuyó. Se creó una dependencia de vigilancia interna, en todos los ministerios (desarrollo organizacional la llamaron), que la gente de base la conocía como la Gestapo. Había más de 60 asesores en algunos momentos en el ministerio de salud, la mayoría agentes políticos de AP.

Y los resultados están a la vista. Las más bajas coberturas de vacunación, estancamiento y hasta retroceso en mortalidad materna, mortalidad infantil y desnutrición infantil. Disparo de las epidemias de enfermedades no transmisibles. Desastroso manejo de la pandemia de covid-19. Persisten las tremendas inequidades en indicadores de salud entre los más pobres y los más ricos. Las brechas incluso aumentaron durante el correísmo-morenismo.

Pero hubo cosas graciosas también, para no terminar con mal sabor en la boca. Por ejemplo: una subsecretaria de promoción de la salud, que no creía en las políticas públicas ni en la determinación social de la salud, sino que pensaba que la salud es una decisión individual y un estilo (¡qué chic!). Si por ella fuera, seguiría jugando al tarot, meditando, haciendo pampas-mesas con granola y levantando los brazos una vez al día (a lo mero mero Ehlers); mientras los grupos conservadores arrasaban con la ENIPLA; mientras los derechos sexuales y reproductivos eran devastados por las propias autoridades de gobierno; mientras las industrias de tabaco, cerveza y alimentos ultraprocesados imponían su voluntad con la complicidad de los funcionarios; mientras la industria de agro tóxicos engordaba.

Y, finalmente, otro episodio gracioso. Cuando faltaban pocos días para esas elecciones seccionales donde perdió Augusto Barrera la Alcaldía de Quito (febrero 2014). Las autoridades, desesperadas, primero los subsecretarios, luego los viceministros y finalmente la ministra en la única ocasión que recuerde hayan convocado a todos los trabajadores de la planta central de MSP: pedían, suplicaban, que los funcionarios voten por Barrera y los candidatos de AP, porque si no “la derecha se iba a tomar el país”. Como si ellos mismo no se comportaran como una fracción de la derecha. Amenazaban veladamente, especialmente a los contratados. Pedían a los funcionarios que vayan a cuidar el voto, poniendo a las instituciones públicas como aparato del partido de gobierno, igual que en las movilizaciones convocadas por el líder. Lo mismo posiblemente se repitió en las diferentes zonas y distritos de salud, donde también había pequeños tiranuelos al servicio de la “revolución ciudadana”. La gente en los pasillos, aun los nuevos funcionarios ingresados por el correísmo, decían que cada vez que hablaban las autoridades, más votos perdían el pobre Barrera y los candidatos de AP entre los servidores de salud y sus familias.

Por: Hugo Noboa Cruz

Noviembre 2020

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Por Ecuador Noticias

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