No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema: el movimiento feminista  y  transfeminista  global frente a esta nueva crisis mundial, sanitaria, económica y ecosistémica, no se rinde al aislamiento, y no silenciará sus luchas ante las medidas de restricción que se están llevando a cabo en nuestros territorios para enfrentar el coronavirus. En todo el mundo hay mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries, que rechazan someterse a las violencias exacerbadas por la pandemia global y que empiezan a organizarse entrelazando sus prácticas rebeldes, fortalecidas por la potencia de los últimos años de huelgas globales feministas.

Esta crisis desvela e intensifica las violencias, las jerarquías y las raíces estructurales de opresión, explotación y desigualdad del patriarcado capitalista colonial, contra el que siempre hemos luchado y seguiremos luchando. Es precisamente en las tensiones y fracturas abiertas por esta crisis que surgen nuevas formas de resistencia y solidaridad de las que somos parte, a las que queremos sumarnos y hacer resonar a nivel global a través de nuestra voz colectiva para que juntas y juntes podamos salir del aislamiento y socavar los paradigmas dominantes, afirmando los saberes y prácticas feministas, transfeministas y antipatriarcales.

Club de Leones

El coronavirus golpea a todas y todes, pero los efectos de la pandemia son diferenciados, aún más si los miramos desde una perspectiva transfronteriza que parte desde nuestras posiciones como mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries.

Nos dijeron que nos quedáramos en las casas, sin considerar que las casas no son lugares seguros para muchas de nosotres y que hay personas que ni siquiera tienen una casa.

Los feminicidios y la violencia hacia las mujeres y disidencias se han ido intensificando desde el comienzo de esta crisis, y las medidas de cuarentena y toque de queda han hecho aún más difícil para nosotras rebelarnos ante la violencia machista y expresar nuestra voluntad de libertad y autodeterminación.

La crisis ataca las diferentes condiciones materiales de reproducción, intensificando y precarizando mayormente el trabajo productivo y reproductivo de las mujeres y disidencias: mientras que estos siempre han sido invisibilizados y explotados, ahora se hace visible su necesidad, poniendo de manifiesto la centralidad política que tienen y que nosotras siempre hemos afirmado.

Por un lado, el sistema patriarcal descarga el cuidado de las personas mayores y de les niñes en las mujeres, incrementando el peso del trabajo doméstico. Por otro lado, hay muchas mujeres – las enfermeras, las doctoras, las trabajadoras de la limpieza, las cajeras, las obreras, las farmacéuticas – que deben estar en primera línea en esta emergencia trabajando en condiciones de riesgo para su salud, con horarios alargados y, a menudo, con salarios míseros.

El trabajo de hogar y de cuidado, así como muchos trabajos precarios o informales, están a menudo llevados a cabo por mujeres migrantes, afrodescendientes, negras o indígenas que ahora no solo son despedidas y no tienen posibilidad de sustentarse o pagarse los gastos médicos, sino que también se encuentran sin permiso de residencia, más vulnerables a los ataques racistas y más expuestas a la consecuencias sanitarias y económicas y al contagio, ya que a menudo viven en las zonas más pobladas y pobres.

Así por un lado nuestras vidas son sacrificadas para sostener esta crisis, mientras que por el otro, los cuerpos que no son reconocidos como productivos, como también los de las personas con diversidad funcional, están totalmente invisibilizados y desprotegidos.

En las comunidades indígenas y pueblos originarios las mujeres han intensificado su trabajo de cuidado y de sostén de la vida mientras que, al mismo tiempo, con su trabajo, siguen produciendo los alimentos necesarios para sustentar las ciudades, recalcando su rol central en la movilización y producción de alimentos y desarrollando medidas de apoyo mutuo para enfrentar la pandemia.

Agunos países abren las fronteras a les migrantes sólo cuando sus trabajos son considerados necesarios para asegurar la cadena agroalimentaria en tiempos de pandemia, mientras que otros países cierran las fronteras no solo a les migrantes sino también a sus habitantes, dejándoles en campos de refugiades superpoblados y vulnerando sus derechos a la salud y a volver a su territorio.

En los múltiples frentes de guerra y territorios en resistencia, como el kurdo o el palestino, la invasión y la ocupación imperialista y patriarcal complican las posibilidades de recibir tratamientos adecuados, intensificando el ataque a la revolución de las mujeres kurdas y a la lucha de todas las mujeres que quieren liberarse de la dominación colonial y patriarcal.

Mientras que hoy, más que nunca, la salud y la vida se afirman como cuestiones colectivas y políticamente centrales, años de políticas neoliberales han impuesto una lógica de responsabilidad individual de gestión, con diferentes grados de intensidad: en muchos países se han hecho recortes al sistema de salud y protección social, dejando sin medicamento a miles de personas y obligándoles a hacer frente a las carencias de los Estados instituyendo redes solidarias y de apoyo para cuidarse entre ellas; en otros países, por el contrario, nunca existió un sistema de salud y protección social pública y la situación se ha agravado aún más con la aplicación generalizada de los planes de austeridad y ajuste económicos.

Además, en muchos casos se está aprovechando la crisis para restringir aún más los derechos y las libertades sexuales y reproductivas de mujeres y disidencias.

Desde otra mirada, el neoliberalismo se muestra con su cara más brutal en la militarización y en la securización de los medios urbanos y rurales y de los territorios indígenas por parte de las fuerzas armadas que aprovechan la emergencia y la ya existente fragilidad democrática de los gobiernos para callar todos los rastros de revuelta, criminalizar las redes de solidaridad que están surgiendo y asegurar la cadena de mando del Estado que se vuelve siempre más autoritario y represivo.

Y, por fin, se hace aún más evidente que no es posible aceptar la devastación ambiental y ecosistémica que, al mismo tiempo que subordina toda especie viviente y los recursos naturales a las necesidades del beneficio del capital, favorece esos mismos desequilibrios que han permitido la propagación del coronavirus.

Extractivismo, producción industrial a larga escala de alimentos, monocultivos intensivos y contaminación condenan a millones de personas a una nueva crisis alimentaria sin precedentes.

La pandemia está poniendo de manifiesto la insostenibilidad de la organización capitalista, patriarcal y colonial de la sociedad y la crisis preexistente del neoliberalismo. Nuestra lucha no solo debe apuntar a nuestra sobrevivencia frente al contagio, sino que tiene que encontrar soluciones a las inmensas consecuencias que esto tendrá sobre nuestras condiciones económicas y materiales.

Creemos que las respuestas de los gobiernos son completamente insuficientes y rechazamos todas políticas que siguen financiando empresas en vez de la sanidad y aprovechando de la pandemia para consolidar proyectos extractivos.

Aunque las medidas estatales son heterogéneas, la respuesta capitalista a la crisis sigue la misma lógica en todo el mundo: anteponer sus ganancias a nuestras vidas, descargando sobre nosotres los costos de esta crisis y produciendo efectos que no van a ser temporales.

¡No queremos salir de esta “emergencia” aún más endeudadas y empobrecidas! Queremos una salida feminista transfronteriza de la crisis para no volver más a una ‹‹normalidad›› que se sustenta en la desigualdad y la violencia.

En todos los barrios populares, se están organizando ruidazos para denunciar el aumento de feminicidios y de violencia doméstica. En todo el mundo, las trabajadoras del hogar están denunciando su total precariedad y su falta de derechos. Las enfermeras y doctoras están protestando a consecuencia de la falta de protecciones, declarando que sus vidas no están disponibles a cualquier precio. Les trabajadores en almacenes logísticos y fábricas están haciendo huelgas porque se niegan a sacrificar su salud por los intereses de las empresas.

En las comunidades, las mujeres indígenas siguen luchando contra la implementación de proyectos extractivos y el acaparamiento de los territorios y recursos comunitarios. En cada cárcel les detenides y les preses por luchar están denunciando las inhumanas condiciones de reclusión dentro de un complejo militar y extremadamente racista. Por todas partes, les afrodescendientes y negres denuncian el racismo institucional en la gestión de la pandemia y les migrantes reclaman sus papeles para no estar más sometides a condiciones que intensifican la explotación y violencia.

Les trabajadores sexuales siguen demandando la descriminalización de sus trabajos para no ser más excluides de los amortiguadores sociales y estigmatizades por el sistema patriarcal capitalista colonial.

En Rojava, las mujeres kurdas en el medio de una resistencia histórica a la guerra están respondiendo a la pandemia fortaleciendo su autoorganización confederal más allá de las fronteras, su salud comunitaria y ampliando las redes de economía autogestiva y ecológica.

Desde nuestras diferentes condiciones materiales, pluralidad de lenguajes, heterogeneidad de prácticas y complejidad de discursos nos comprometemos a apoyar, fortalecer y entrelazar nuestras luchas, resistencias y formas de solidaridad, así como las que están surgiendo espontáneamente a nivel global y que son centrales para relanzar nuestra iniciativa futura.

Lo que la huelga feminista global nos ha enseñado en estos cuatro años es que cuando estamos juntes tenemos más fuerza para rebelarnos a la ‹‹normalidad›› patriarcal y opresora y ahora más que nunca tenemos que mover nuestras millones de voces en la misma dirección para poder evitar la fragmentación que la pandemia nos impone. En este momento no podemos desbordar las calles con nuestra potencia feminista, pero sí seguiremos gritando toda nuestra ira contra la violencia de un sistema que nos explota, oprime y mata, señalando a los culpables, para poder volver aún más numerosas a tomar la primera línea.

No vamos a parar este proceso de liberación feminista transfronterizo que estamos tejiendo de manera colectiva y expansiva y seguiremos luchando para construir la vida que queremos y deseamos vivir.

Llamamos a todes les que rechazan la violencia patriarcal, la explotación, el racismo y el colonialismo a movilizarse y a sumarse para enriquecer y fortalecer la lucha feminista global, porque si nos unimos no solo podemos salir de la pandemia, sino cambiarlo todo.

Este es un espacio Feminista, Transfeminista y Antipatriarcal en expansión y les invitamos a uniros o contactarnos si queréis ser parte.

ALAMES Ecuador

Associació stop violències Andorra

Bibi Ni una menos-Soriano Uruguay

Cabildo de mujeres Ecuador

Creando Juntas Ecuador

Collecti.e.f 8 maars Bélgica

Coordinadora Feminista 8M Chile

Democracia Socialista Argentina

Desmadres Uruguay

Disidentes Violetas Ecuador

Feministas Autónomas Bolivia

Feministas con voz de maíz Mexico

Feministas en Holanda Holanda

Grupo Internacional de la Huelga Feminista #14Junio Suiza

Grupos Regionales de la Red para una Huelga Feminista en Alemania Stuttgart, Berlin, Augsburg,

Frankfurt/Main “Gemeinsam kämpfen”, Leipzig

International Women’s Strike Estados Unidos

Luna Creciente Ecuador

Minervas Uruguay

Movimiento de Mujeres de Kurdistán en America Latina Kurdistán

Nina Warmi Ecuador

Ni Una Menos Argentina

Non Una Di Meno Italia

Opinión Socialista Argentina

Parlamento Plurinacional de Mujeres y Feministas Ecuador

Radical Women/Mujeres Radicals Australia & United States

Red de feminismo populares y desde abajo Uruguay

Revista Amazonas Ecuador

Toutes en Grève Francia

Unidad Latina en Acción Estados Unidos

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