salud y economía

El pequeño virus ha derribado los grandes monumentos. El mal bajo todos sus rostros, la enfermedad, la inseguridad, la muerte, había sido conjurada, exorcizada, fuera de los muros de las opulentas mansiones. El mundo estaba dividido entre los elegidos y los excluidos. La ley era el guardián seguro del orden. Tenía como fundamento la violencia legitimada. Píndaro ya sabía: Lo más alto La Ley, / de todos el soberano, mortales e / inmortales: conduce precisamente / por esa violencia / el derecho más justo con mano suprema.[1]

El Estado de derechos y justicia, y la democracia, aparecían como las conquistas más avanzadas de la política moderna. Los expertos sabían todos los remedios a los males. El virus fue el escanseador de las diferencias, el develador de las brechas y las fisuras. Con su dedo de inseguridad y muerte, separó lo que estaba unido, oculto.

Club de Leones

Los expertos trataron de ver cómo compaginar las curvas de la salud y de la economía. Las estadísticas sanitarias saltaron los controles, se multiplicaron los contagios, las muertes rebasaron la respuesta de los hospitales. La orden fue detener por un momento la economía, se pararon los aviones, se suspendieron los trabajos, se apagaron los hornos, por un momento. Como en el antiguo juego infantil, ¡estatua!, ¡quédate en casa!, hasta que pase el mal.

Se rompió por un momento el ciclo de reproducción especulativa del capital. La curva de la economía entró en descenso. Las bolsas cayeron, aunque pronto el capital financiero encontró como despegarse de la economía material, de la producción de bienes y quedarse sólo con el fetiche del dinero moviéndose libremente por las autopistas de los paraísos fiscales y por las autopistas virtuales del mercado. Grandes empresas quebraron; aunque no todas, pues la uberización permitió el crecimiento vertiginoso de las empresas de servicios apoyadas en la inteligencia artificial. Lufthansa y Amazon siguieron sendas distintas.

El Estado y las leyes intentaron volver a juntar las dos curvas. La pandemia cobró un alto número de víctimas, también en el centro, hasta imponer la normalidad de un virus que nos acompañará por años, y la esperanza de que finalmente aparezca la vacuna salvadora o el virus pierda su poder por inmunidad de multitud. El tiempo lento de la evolución viral empezó a chocar con la urgencia de la economía. Una doble urgencia, desde arriba, la avidez de la ganancia, abrir las puertas de la explotación del trabajo sin condiciones. Y desde abajo, la urgencia del hambre, la necesidad del trabajo desesperado para poder llevar el pan de cada día a la mesa.

Queda la pregunta: ¿Es posible compaginar, coordinar, articular, combinar las curvas de la salud y de la economía? ¿Son compatibles salud y economía, o hay que optar por una de las dos?

Los hechos muestran que la respuesta hay que fecharla, ubicarla. La gravedad de los contagios se relaciona con los grados de privatización de los sistemas de salud. La salud convertida en mercancía es la fuente principal de la incompatibilidad entre las curvas sanitarias y las curvas de la economía.

La mercantilización no sólo es un dato cuantitativo, es la instauración de un modelo curativo y medicalista. El negocio está en darle la vuelta a la curación, ya no se trata del remedio para la enfermedad, sino de la enfermedad para el remedio, la dependencia de la píldora, la vacuna, el fármaco. Se debilitan y hasta desaparecen los sistemas preventivos, los saberes alternativos. La lógica no es la salud, la vida, sino la ganancia. Se modifica la investigación y el conocimiento, bajo el financiamiento y el control de las transnacionales farmacéuticas y sanitarias.

Hay un punto de quiebre, el paso a la libre convertibilidad del dólar resuelta unilateralmente por el Gobierno de Nixon en 1971. Es el disparo simbólico para el desacoplamiento entre la producción y su representación monetaria, entre la fase productiva y la fase financiera de la reproducción ampliada del capital; pasamos a la hegemonía del capital financiero, como fundamento material del modelo neoliberal. El predominio originario del valor de cambio sobre el valor de uso en la constitución de la modernidad capitalista, arriba a su forma extrema en la fase actual de decadencia. El paso al biopoder se asienta en la bioeconomía, el copamiento del capital al campo del consumo, de los gustos, la subsunción real de la vida al capital. La mediación jurídica para esta metamorfosis fue la normación de la salud, la educación, el trabajo ya no como bienes o como derechos, sino como servicios sujetos al mercado.

La cuarta revolución científico-técnica crea las condiciones para una nueva forma de renta o de ganancia extraordinaria en la apropiación monopólica de las tecnologías y las ciencias por parte de grandes transnacionales, en los diversos campos. En la salud, las transnacionales farmacéuticas y las redes privadas de instalaciones clínicas y hospitalarias pasan a controlar los saberes y las prácticas médicas. “Se habrán invertido los papeles de la investigación y el marketing. La fuente de las ideas – la investigación – se convertirá en receptora de órdenes, mientras que el encargado de llevar los conceptos al mercado – el marketing – se convertirá en el generador de las ideas.”[2] Se investigará lo que interese a los monopolios farmacéuticos; y lo que interesa a los monopolios farmacéuticos es la ganancia, y no la salud de la población.

A pesar de los anuncios, el virus del SARS-CoV-2 sorprendió a los políticos y a los expertos. Los monopolios farmacéuticos no estaban interesados en el virus distante, creían que no llegaría a los países centrales. Las series inmediatas afectaron a las periferias, Ébola, VIH, SARS, MERS eran nombres para poblaciones sobrantes. Apenas el virus AH1N1 sembró alguna preocupación, porque apareció en Estados Unidos. El nuevo virus se convirtió rápidamente en la primera pandemia global, COVID 19.

Los relatos más procaces de la no compatibilidad de la salud y la economía, sometidas a los cálculos del capital, podemos escucharlos en los discursos de Trump o de Bolsonaro. Un juego de negación de la pandemia, una gripecita o un mal pasajero, la acusación a la conspiración del enemigo, para poder abrir las puertas a la normalización de la explotación del trabajo y de los negocios. En Estados Unidos, el discurso se da en medio de la pugna entre la mercantilización y privatización total, o un sistema de asistencia social de la salud. El poder juega con el ocultamiento de cifras, el silencio de las muertes, para poder decidir el final de la cuarentena.

La batalla ahora se centra en la competición por la vacuna, a la vez el remedio a la pandemia, y la garantía de la ganancia. Una disputa entre la apropiación privada del producto, para acumular la ganancia extraordinaria de la renta tecnológica; y la colaboración estatal para poner la vacuna salvadora a disposición de la población, una variante light del bien común de la humanidad. Parece decir que las curvas de la salud y la economía no son compatibles en el mundo del capital, a menos que actúe el Estado, no sólo como regulador, sino como financiador sustituto.

La versión degradada del negocio aparece bajo la forma de la corrupción, el negocio de los sobreprecios de las medicinas y de la construcción de los hospitales, en nuestro país. Aparece en medio de la angustia de la pandemia, y amplifica el espectáculo de la indignación; aunque con el tiempo puede licuarse en manos de la justicia controlada.

La incompatibilidad aparece también abajo. La orden “quédate en casa” se vuelve un cerco imposible para los que no tienen casa o viven en hacinamiento, para el 60% de personas que no tienen empleo o viven al día. La muerte aparece bajo el doble rostro del contagio o del hambre.

El virus ha destapado también el otro lado de la historia. La detención de la economía capitalista por un momento ha permitido el retorno de la vida de la naturaleza. El encierro ha mostrado el lado femenino de la vida, el cuidado, el maternaje.

En el escenario de las pantallas hemos podido asistir al camino de la formación del conocimiento, de la ciencia y las prácticas médicas, las dudas, las búsquedas, los debates. Hemos podido también asistir a la colaboración de equipos de científicos por encima de los controles estatales. Verdades en construcción, diálogos de saberes.

Y en medio de los vacíos del Estado y el mercado, el sostenimiento de la vida ha buscado cauces autónomos, con redes de alimentación e intercambio desvinculadas de los controles monopólicos; ha abierto experiencias de solidaridad para el cuidado de los que no tienen; ha obligado al refugio en prácticas alternativas de salud que deberán ser sistematizadas. La vida busca la compatibilidad con la economía en el seno de la comunidad, en las prácticas de solidaridad y cuidado mutuo. Todavía son semillas, pero está abierto el camino.


[1] Traducción de Hölderlin, citada por Agamben, Homo sacer, p. 47

[2] Drews, Jürgen, In Quest of Tomorrow’s Medicines: An Eminent Scientist talks about the Pharmaceutical Industry, Biotechnology and the Future of the Drugs Research. New York: Springer-Verlag, 1999, p. 234.

+ posts

Militante de los Movimientos Sociales.
Comuna-Ecuador

Por Napoleón Saltos Galarza

Militante de los Movimientos Sociales. Comuna-Ecuador