Homenaje en el 29 aniversario de la partida de Agustín Cueva

Nuestra mente tiende a ser conservadora, se niega a ver los cambios nacientes, las fisuras pasan desapercibidas. Para ver la historia hay que sentir los puntos de ruptura, abrir los ojos y la mente a los cambios, “cepillar la historia a contrapelo” (Benjamín, 2008, pág. 43. Tesis VII), para sentir las protuberancias de nuevas semillas, traspasar el tiempo homogéneo y continuo, la idea de “progreso” que es el recurso del sistema para cortar las preguntas molestas y reproducirse con la tranquila aceptación del buen futuro.  Esa es la tarea del “materialista histórico”: “La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío sino el que está lleno de ‘tiempo del ahora’.” (Benjamín, 2008, pág. 51. Tesis XIV) Ahora empieza por ver las modificaciones del mapa político.

Las elecciones se mueven en el campo de la representación, dejan ver a contraluz algunas tendencias de la presentación. La principal novedad del último proceso electoral en Ecuador es que se abre la puerta para rasgar el juego binario del poder correismo/anticorreismo, populismo conservador/derecha oligárquica, y mirar la posibilidad del surgimiento de otra vía. Aunque esta puerta en realidad se abrió previamente, en Octubre del 19. Pero tampoco Octubre19 es el comienzo, sino que se presenta  como un punto de inflexión y una expresión del acumulado histórico de las luchas de los pueblos indígenas y el encuentro con la presencia de las mujeres y el apoyo de sectores urbanos intelectuales y juveniles.

Los procesos no son lineales, sobre todo en el caso de la estrategia popular, pasa por avances, dudas, retrocesos, búsquedas. La militancia es asumir el sentido de un hecho para convertirlo en acontecimiento que guía la acción en el tiempo. La pregunta central es, ¿hay condiciones para una línea autónoma, la constitución de otra vía más allá de los juegos del poder? ¿O es una ilusión ideológica?

TRES PARADOJAS ELECTORALES

Concluye un proceso electoral marcado por las sombras de  fraude, irregularidades y el bloqueo a la candidatura presidencial de Yaku Pérez del PK para que pase a la segunda vuelta. La alianza PSC-CREO-UNES confluyó en este objetivo. Esta posibilidad también fue bloqueada por las contradicciones no resueltas en el movimiento popular y el movimiento indígena, que se traslucen en tiempos electorales.

Los resultados de la primera vuelta trazan un mapa electoral que modifica el ordenamiento binario del último período. Según datos oficiales del CNE, el PK triunfa en toda la Sierra, excepto Pichincha, en que triunfa Lasso, y Carchi, en que triunfa Hervas, y en la Amazonía. Arauz gana en las provincias de la Costa. Este mapa muestra la fuerza orgánica de los cuatro proyectos que cuentan con el apoyo electoral.

La votación del PK se ubica en los territorios en donde se concentra la organización indígena y la organización social, la resistencia antiextractivista y  la defensa del agua y la vida. El apoyo a Arauz se desplaza a la Costa, antiguo reducto del populismo oligárquico; un electorado ligado al caudillismo de Correa, sin estructuras autónomas.

Este mapa se altera en la segunda vuelta, en un juego de polarización generado por el sistema de ballotage, que apunta a concentrar la votación entre los dos finalistas, bloqueando la presencia de otras fuerzas y proyectos, y convierte a la campaña en una estrategia “catch all”, se crea un imaginario del “mal menor”,  mediante contracampañas basadas en el descrédito, las fake news, y el rechazo al otro-enemigo; y mediante las ofertas clientelares.

La primera paradoja de los resultados de la segunda vuelta: triunfa Lasso, pero en realidad triunfa el anticorreismo, el rechazo al autoritarismo, a la persecución, al racismo y al patriarcalismo de los catorce años del populismo conservador. La votación del 20% que obtuvo la alianza Lasso-Nebot en la primera vuelta es su fuerza orgánica. El aditamento viene de los votantes de Hervas y también de un porcentaje de la votación del PK: pasa del 20 al 36%.  En el desplazamiento de sectores del PK a Lasso se impuso una estrategia del mal menor, amplificada por la campaña de la derecha y débilmente contenida desde la orientación del PK y el movimiento indígena.

Pierde Arauz, pero en realidad pierde Correa. El candidato de la Revolución Ciudadana no logró desmarcarse del peso de la figura de Correa, que le sirvió para el triunfo en la primera vuelta, pero bloqueó la ampliación en la segunda: apenas pasa del 32 al 34%. La derrota expresa el agotamiento del proyecto progresista en nuestro país, pues cumplió el papel adjudicado para resolver la crisis y la inestabilidad: la modernización refleja del Estado y la economía.

Las encuestas señalaban un empate técnico entre los dos finalistas hasta cinco o seis días antes de la votación. A más de la virulenta contracampaña liderada por la estrategia Durán-Barba, que había logrado endosar el peso anticorreista al candidato Arauz y desplazar el ataque del fantasma de Correa a la figura del candidato, y de la debilidad de la campaña y del candidato de UNES en la segunda vuelta, se dieron dos hechos desencadenantes. El apoyo del Presidente de la CONAIE al candidato correista, por encima de las resoluciones orgánicas de la CONAIE y el PK, rompió el débil equilibrio logrado por la resolución del voto nulo, para evitar los desplazamientos a uno u otro candidato; destapó los procesos ocultos de apoyo a Lasso. Esto explica el descenso del voto nulo al 17%; se preveía por encima del 25%.

El voto nulo crece el 70% en la segunda vuelta, por el impulso de las decisiones orgánicas de la CONAIE y el PK, pero no logra defender la autonomía de la totalidad de la votación de la primera vuelta. Hay una decantación de la fuerza orgánica-ideológica. El voto nulo logra un resultado significativo en las provincias de la Sierra-Sur y en el Sur de la Amazonía. Estos territorios han sido el espacio de resistencia y movilización del movimiento indígena en los levantamientos y de resistencia a la minería y el extractivismo.

El Informe sobre “La nueva geografía del voto en el Ecuador” (Larrea, 2021) señala un resultado clave de la segunda vuelta, la distribución de fuerzas en tres polos de preferencia a raíz de la segunda vuelta: los territorios de Lasso, los territorios de Arauz y los territorios del voto nulo; lo que confirma el resultado principal del nuevo mapa político: la presencia de una tercera vía que rompe el binarismo que ha dominado en los últimos catorce años entre el populismo progresista y la derecha oligárquica.

LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA

La lucha en el Estado moderno toma la forma de disputa de la hegemonía, ganar el corazón y la mente de la gente, en varios niveles: el acuerdo arriba en torno a un proyecto orgánico; ganar el apoyo de aliados y la ampliación del consenso hacia abajo; y diversas formas de resistencia y contrahegemonía.

La alianza Lasso-Nebot muestra un acuerdo arriba entre dos variantes de proyecto neoliberal, que actuaron juntas en el Frente de Reconstrucción Nacional de 1984, pero luego se separaron en la fracción del PSC de Febres Cordero y el PUR de Sixto-Dahik. Lasso representa la versión neoliberal globalista, desde la lógica del aperturismo al capital financiero-rentista global;  y Nebot, la versión territorialista, desde la lógica de la articulación comercial con el capital financiero-rentista global. Este acuerdo organiza los intereses de un bloque financiero-comercial-extractivista(rentista) durante el proceso electoral, pero no logra consolidarse para el ejercicio del gobierno.

En los noventa del siglo anterior, las disputas arriba se combinaron con el fracaso del modelo neoliberal, expresada en la crisis bancaria. La resistencia antineoliberal, impulsada por el bloque social encabezado por el movimiento indígena, contuvo la aplicación del proyecto dominante y contribuyó al aceleramiento de la crisis política. Paralelamente, el dominio del eje Norte-Sur del capitalismo global, liderado por la alianza USA-UE-Japón, entró en una cadena de crisis financieras que desembocó en la crisis del 2008.

Esta doble brecha creó las condiciones para la entrada del modelo correista, en la convergencia de la estrategia de modernización capitalista impulsada desde el Estado, bajo control del partido, y en un realineamiento temporal hacia el Eje Este-Oeste, liderado por China-Rusia y los BRICs;  con las demandas constituyentes de los movimientos sociales.

El Estado latinoamericano tiene un funcionamiento abigarrado (Zavaleta, 2006). En nuestro país, el funcionamiento bonapartista del Estado durante la administración del correismo, en un primer período de bonanza, logró contener tanto las presiones del bloque oligárquico, como la fuerza de las movilizaciones sociales. El paradigma de la ciudadanía, del progreso y la modernización ordenó la visión hegemónica, bajo un ropaje del “socialismo del siglo XXI”.

Ganó el consenso de los de abajo mediante una estrategia populista-clientelar para captar sectores de adeptos; y mediante una estrategia autoritaria, de control, división de las organizaciones y persecución jurídica contra los movimientos que levantaron posiciones contrahegemónicas, en particular contra el movimiento indígena y el sindicalismo público. Tempranamente se rompieron los nexos del régimen con los movimientos sociales, Dayuma fue el punto de quiebre, la instauración de una estrategia de control represivo y de persecución jurídica contra la movilización social.

La modernización conservadora garantizó la acumulación en torno a un bloque financiero-rentista-burocrático, con algunos niveles de redistribución hacia abajo y la reducción temporal de la pobreza por ingresos. La contrarreforma del Estado ante los avances declarativos de la Constitución del 2008 se centró en la instauración de un Código Penal del enemigo, orientado a la criminalización de las luchas sociales; y en el control de la justicia, sobre todo a partir de los acontecimientos del 30S y la Consulta de mayo 2011. 

El período de escasez iniciado en 2013, dejó sin piso material al “Estado mágico” (Coronil, 2002) que podía actuar por encima de las contradicciones intermonopólicas y ampliar la clase media. En Agosto de 2013, simbólicamente el viraje al Plan B del Yasuní destapó el carácter del modelo correista, enredado en el poder y el control del capital rentista, y en los límites de un realineamiento geopolítico hacia el Eje Este-Oeste, liderado por China-Rusia. Había cumplido la primera fase del reordenamiento de la economía y la contención de la lucha social. Los grupos económicos habían logrado reconstituirse en torno a la lógica financiero-extractivista-importadora, y podían empezar a demandar el control directo del gobierno. Ahora el correismo buscaba rearticularse con el nuevo orden constituido: el paso al Acuerdo económico (TLC) con Europa era el símbolo; sin mucha propaganda regresaban el FMI y el Banco Mundial.

Desde abajo, la recomposición de fuerzas tiene un punto de inflexión en Agosto del 2012, con la Marcha de la Vida y el Agua, una nueva relación con la Madre-naturaleza.

La Revolución Ciudadana todavía podía mantenerse como la primera fuerza, pero la hegemonía empezaba a debilitarse. Esto se mostró en la elecciones seccionales del 2014, en que perdió las principales ciudades. Los bloqueos en torno a la reelección indefinida, para consolidar el caudillismo correista, debilitaron la línea del populismo conservador. La batalla electoral del 2017 confirmó esta tendencia, un triunfo pírrico con sombras de fraude.

La cuestión de si el Gobierno de Lenin Moreno representa la continuidad o la traición del proyecto correista, no se resuelve sólo en el discurso. Representa una continuidad estructural del modelo correista vinculado a un bloque financiero-rentista, y la profundización del viraje neoliberal iniciado políticamente post 30S y económicamente en Agosto 2013. Aunque termina en una disputa de la representación política, alineándose con el nuevo momento de la hegemonía directa del capital. La sentencia final está en la percepción de la población; una de las razones del triunfo de Lasso en la segunda vuelta es que el electorado percibió el vínculo orgánico de los catorce años, más que el discurso de la “traición” levantado por el correismo, y los acuerdos con el polo oligárquico.

Octubre 19 es un momento de inflexión que modifica el mapa político, aunque las ondas expansivas son contenidas por los aislamientos impuestos por la política ante la pandemia. Encuentra un cauce de expresión en el respaldo electoral al candidato de Pachakutik, Yaku Pérez. El resultado es la presencia de tres polos orgánicos con programas propios ante las cuestiones al orden del día sobre las salidas a las crisis que vive el país.

El proceso electoral dirime el ordenamiento de fuerzas dentro del polo de la derecha entre un neoliberalismo con proyección globalista, representado por Lasso; y un neoliberalismo asentado en los controles locales del poder y la economía. La alianza CREO-PSC en la primera vuelta se basa en el debilitamiento del socialcristianismo, con problemas incluso en el reducto político de Guayaquil.  

En la segunda vuelta, Lasso se desplaza hacia un discurso de centro y de encuentro para la gobernabilidad. Empero hay una programa anunciado. El think tank de Lasso, Ecuador libre, “recomienda una terapia de shock para de una sola solucionar los problemas presentes sin consideraciones de su impacto social y político.” Reconoce que se trata de las políticas del Fondo Monetario Internacional, pero señala que no hay otra salida, pues el gradualismo ha fracasado. (Gallardo, 2019) La ruta es un “shock de inversiones”, que parte de la sobreexplotación de los campos petroleros, para llegar a 1 millón de barriles diarios, la privatización de la infraestructura eléctrica, la venta del Banco del Pacifico, diversas formas de flexibilización laboral, tratados de libre comercio, la privatización de la salud y la educación. El argumento es aumentar el empleo: un neoliberalismo con rostro humano. La táctica para lograr el consenso de la sociedad, es el reencuentro para la gobernabilidad.

Después de la derrota en la segunda vuelta, el proyecto del correismo fundamentado en una economía dirigida desde el Estado bajo control del partido se debilita; y UNES se mueve en un repliegue táctico para negociar el cese de los procesos jurídicos contra sus líderes.

La Minka por la vida propuesta por Pachakutik abre el imaginario de un modelo postexctractivista, de la reorganización de la economía en torno a las necesidades básicas de la alimentación y la salud, y del reordenamiento de la democracia basada en la ética y la decisión de actores sociales y sectores productivos.

LA VIGENCIA DE AGUSTÍN CUEVA: LOS CICLOS POLÍTICOS

Las elecciones del 2021 cierran un ciclo del “pacto burgués-oligárquico”, que marca el ritmo de la lucha política y la modernización capitalista en nuestro país, a partir de la Revolución Alfarista, como señala Cueva (1997),

El ciclo tiene una fase de crisis del pacto burgués-oligárquico y de ascenso de la movilización social, que se manifiesta en el período de inestabilidad de los noventa. Emerge una nueva fuerza modernizadora-reformadora, que se mueve en el marco del capital, como lo señaló reiteradamente Correa. Establece una alianza con la movilización social e impulsa un período constituyente. Las condiciones de bonanza económica permite la presencia de un “Estado mágico”, que se convierte en el actor central. Una vez en el poder, la nueva fracción burguesa se aleja de la alianza con los actores sociales, mientras se articula y alía con el viejo poder oligárquico. Algunas fracciones de la fuerza ascendente se “oligarquizan” y se restablece un bloque hegemónico conservador. Aquí está la base por la cual el restablecimiento de la alianza de los movimientos sociales con el correismo se vuelve inviable.

Puede empezar un nuevo ciclo, en donde regresará la pregunta de sí se reproducirá la lógica de reforma-oligarquización, o sí se podrá romper la reproducción cíclica desde un poder autónomo. Ésta es la oportunidad que se abre, se manifiesta en el triunfo de la Consulta de Cuenca sobre el Agua, y en el triunfo del PK, todavía bloqueado por la antigua alianza del populismo conservador y el polo oligárquico. Ésta es la disputa central, la respuesta ante las preguntas que plantean la crisis económico-política, agudizada por la pandemia. Para los movimientos sociales se presenta un reto ante la posibilidad de impulsar otra vía, autónoma.

JUEGOS PROGRAMÁTICOS, ALIANZAS Y ALINEAMIENTOS

El primer escenario de los alineamientos de fuerzas se presentó en las elecciones de las dignidades de la Asamblea Nacional. Un primer problema, las informaciones no han sido transparentes, se han dado conversaciones, acuerdos, separaciones, en un juego opaco de parte de todas las fuerzas, UNES, PSC, CREO, PK. Una de las “deudas” de la democracia, como señala Bobbio, es precisamente el juego oculto del poder, “la sobrevivencia del poder invisible” (Bobbio, 1986, pág. 8)

La distribución de fuerzas se estructura en torno a tres polos parlamentarios. UNES tiene 49 asambleístas. La Alianza CREO-PSC, 30 Asambleístas, más el acercamiento de algunos independientes. El problema para el poder era resolver la presencia del bloque parlamentario del PK, reforzado por la alianza con la ID, con un total de 45 asambleístas. Ninguna de las fuerzas cuenta con la mayoría suficiente para captar la dirección de la Asamblea, pues se requiere una mayoría de 70 votos sobre 137 Asambleístas.

Las conversaciones iniciales mostraron los intereses concretos. UNES puso por delante el perdón a sus líderes, sin importarle la aplicación de la agenda neoliberal del nuevo gobierno. Dado el carácter caudillista, esta fuerza no puede subsistir sin la presencia de sus jefes, prófugos o encarcelados. El PSC buscaba el control del Parlamento, y luego la expansión al dominio de los organismos de control y la justicia. UNES mantenía un doble juego, negociando al mismo tiempo con el PK-ID, con la oferta de la Presidencia a cambio del perdón; aunque vetaban tanto a Salvador Quishpe, como a Guadalupe Llori, para dar paso de la Presidencia de Darwin Pereira, uno de los responsables de la comisión negociadora. Las críticas desde las organizaciones sociales y de sectores de adherentes, el reclamo de Yaku Pérez y la denuncia pública de Salvador Quishpe sobre los términos de la negociación, terminaron por bloquear estos acuerdos, que podían tener altos costos para la cohesión del PK y la aceptación de los sectores sociales. El PK buscaba sostener la tercera vía en medio de los asedios de los dos lados.

El PSC planteó su posición en diversas oportunidades, el interés era captar la dirección no sólo del Parlamento, sino de la justicia y de los organismos de control. El Presidente Electo, Guillermo Lasso, levantó el discurso de la gobernabilidad y encabezó los acuerdos tripartitos entre UNES-PSC-CREO. La política tradicional volvía adobada de los intereses de la República.

La tendencia “natural” era el acuerdo tripartito UNES-PSC-CREO. El nuevo bloque había venido operando en la política concreta, por debajo de las disputas de la representación. Durante el período de Alianza País, operó la cohabitación de una representación nacional concentrada en el correismo, y el reducto local y regional controlado por el PSC.

Momentos de acercamiento y distancias. En la relación conflictiva con el gobierno de Moreno, mientras Lasso logra acuerdos con niveles de cogobierno, sobre todo en el último año, Correa intenta acercamientos con Nebot para un desplazamiento del poder. Un signo fue la declaración de Correa recomendando que Nebot asuma la conducción de la política ante la debacle de la respuesta gubernamental frente a la crisis sanitaria. Los intentos desestabilizadores del correismo en Octubre 19 no prosperan por el rechazo del movimiento indígena y la movilización social, pero también por el refugio del Gobierno en el reducto de Guayaquil, al amparo del PSC.

La confluencia de intereses se presenta durante el último proceso electoral, en el acuerdo para bloquear el paso de Yaku Pérez a la segunda vuelta. La actuación concertada a través de los organismos electorales para impedir la apertura de urnas y el reconteo de votos, permitió reconstituir el binarismo “izquierda-derecha”, con exclusión del polo emergente.

El acuerdo parlamentario podía operar en una negociación que implicaba el compromiso del Gobierno del PSC-CREO del perdón para los líderes de UNES, a cambio de la entrega de la Presidencia del Parlamento y del posterior control de la Contraloría, CPCCS y Consejo de la Judicatura, como escalón para el control de la justicia, en el restablecimiento de la “hegemonía oblicua” con la cual el PSC ha cogobernado en medio de los diferentes gobiernos. Se firmaron los acuerdos bajo el discurso rimbombante de los Acuerdos de la Moncloa para la gobernabilidad del país.

La dificultad era el impacto en la reacción de amplios sectores de la opinión pública ante lo que se denominó la reproducción del “pacto de la regalada gana”, una caricatura de la democracia de reparto de cargos. El juego era lograr el aval del PK, para lavar la imagen de la componenda, mediante maniobras de ofertas y de división del bloque. La autonomía sostenida por el PK y la ampliación de la fuerza en la alianza con la ID, llevan a un quiebre del acuerdo tripartito desde adentro.

Lasso, bajo la presión de la opinión pública, y desde la comprensión de los costos de la alianza con UNES y de los riesgos de actuar bajo la tutela de un PSC fortalecido en el control del Parlamento y la Justicia, se separa del acuerdo.

La primera votación para designar al candidato del PSC como presidente de la Asamblea se queda en el límite de los 69 votos. La separación de César Ron, impide el triunfo del acuerdo UNES-PSC, y precipita un reordenamiento de fuerzas dentro del Parlamento. Se presenta un escenario de empate catastrófico, que evoca el teatro de los tiempos de Fabián Alarcón. Se provoca la ruptura de la alianza PSC-CREO que incidirá en el ejercicio del gobierno de Lasso; y ante el destape de las cartas ocultas, se dificulta la actuación coordinada PSC-UNES.

El PK intenta arrastrar el apoyo del Gobierno y los independientes en torno a la candidatura de Salvador Quishpe, pero se queda en el límite de los 45 votos. El Gobierno, bajo el discurso de la gobernabilidad, intenta la salida con la nominación de un independiente, el Asambleísta Marcelo Cabrera, para presidir el Parlamento. La negativa de PK para un acuerdo directo y la insistencia en un candidato propio desembocan en la nominación de Guadalupe Llori como la nueva Presidenta de la Asamblea, y la conformación de una nueva mayoría parlamentaria en torno a los 70 votos, en la confluencia de la alianza PK-ID, CREO y los independientes. Queda en disputa el carácter de esta confluencia.

ESCENARIOS

No está resuelta la crisis política de representación. La brecha entre la gravedad de la crisis que atraviesa el país, agudizada por la pandemia, y los límites  y debilidad tanto del Ejecutivo como del Parlamento, apunta a una perspectiva compleja para el país.

El gobierno de Lasso entra con el debilitamiento del acuerdo con el PSC, y no cuenta con una mayoría propia. La Asamblea se mueve en el límite de un empate político que puede tender a la constitución de mayorías móviles.

La tendencia  del poder desde arriba es continuar la orientación definida en el Gobierno saliente en torno a un programa basado en los compromisos con el FMI, contenidas en leyes como la “Humanitaria” o la de “Defensa de la dolarización”, lo que puede encontrar resistencias sociales crecientes. Los anuncios en torno a la reforma tributaria, la privatización del IESS y de los bienes públicos, la profundización de la precarización laboral, tienden a trazar un escenario de conflictividad social e inestabilidad política.

La crisis política ha penetrado en los polos de poder. Arriba la pugna PSC-Lasso termina en una ruptura. ¿Por qué la ruptura? Hay un agotamiento de los dos proyectos que han dominado la política desde el retorno democrático, tanto UNES como el PSC, pero hay un proceso más profundo. La pandemia acelera los tiempos a nivel global con impactos en los diferentes países. Después de un primer momento de caída del capital, la crisis de la pandemia ha sido orientada a una explosión de la ganancia del capital financiero-rentista y a una radicalización de la sobreexplotación de la naturaleza y la sociedad, como salida a la crisis. CREO expresa la articulación con esa tendencia global.

En el PK hay un debate en varias direcciones. Hay un acuerdo en el PK sobre la construcción de la tercera vía; pero se ha planteado desde dos visiones. La propuesta de Yaku Pérez pone el acento en una actitud ética para preservar la autonomía para los próximos procesos electorales, para lo cual sería negativo el acuerdo con uno u otro polo de poder. El llamado y la separación de Yaku del movimiento, tienen fuerza ética ante la presencia de prácticas pragmáticas y negociaciones que pueden poner en riesgo el programa y la autonomía del movimiento, convirtiéndolo en un instrumento de contención de la lucha social.

Esta orientación tiene dificultades en la política concreta dentro del parlamento. El Bloque parlamentario y la Dirección del PK argumentan que la propuesta de la autonomía no se opone al derecho de aspirar a la Presidencia de la Asamblea, para una reorientación del Parlamento como un poder autónomo y de contrapesos democráticos, y el funcionamiento ético-político a partir de la diversidad de propuestas y el acuerdo en torno a una Agenda de país. La alianza con la ID apuntaba en esta dirección.

Empero el desenlace con la elección de Guadalupe Llori para la Presidencia de la Asamblea, se da en una confluencia confusa con el Gobierno de Lasso, lo que pone en riesgo la autonomía del proyecto del PK. Al asumir la Presidencia de la Asamblea la tercera vía está sometida a una doble prueba: la capacidad de impulsar una línea parlamentaria con iniciativas en torno a un acuerdo de reactivación productiva y moralización del país, y con líneas rojas que no podrán ser rebasadas por el Gobierno de Lasso. Y la capacidad de relación con las organizaciones y movimientos sociales, para lograr la ampliación hacia una democracia real.

LAS INCIDENCIAS GEOPOLÍTICAS

América Latina está viviendo un tiempo de transición, el agotamiento de los proyectos que han dominado la política desde los retornos democráticos. En nuestro país, la derrota del pacto PSC-UNES implica la decadencia del orden dominante y el surgimiento de otras propuestas. Esta tendencia se muestra también en los resultados de las elecciones de los Constituyentes en Chile, son derrotadas tanto la derecha de Piñera como la Concertación que han gobernado después del pinochetismo y surge la posibilidad de una democracia de la diversidad social, política y ética, para la redacción de la nueva Carta Constitucional.

Las incidencias vienen sobre todo de los procesos de los países vecinos. El primer acto del Presidente electo fue la visita al Presidente de Colombia, en un signo de confluencia con su programa. Empero el  Paro nacional desnuda el carácter fascistoide del régimen y muestra la presencia de nuevas fuerzas y propuestas en defensa de la vida y la paz. Y también alerta al nuevo gobierno sobre la posibilidad de un escenario similar en nuestro país.

En Perú, la dirimencia de la segunda vuelta entre Pedro Castillo, candidato de izquierda con larga trayectoria de lucha campesina, y Keiko Fujimori, representante del populismo marcado por la corrupción, crea preocupaciones en las fuerzas de la derecha internacional y local. Vargas Llosa intenta utilizar la posesión del Presidente Guillermo Lasso como un escenario para la reunión de la derecha continental.

Este clima de reordenamiento político en el Continente ha provocado debates ente las izquierdas, y ha reforzado las alertas dentro de las fuerzas del capital. La democracia no se agota en el espacio parlamentario. Octubre sigue pendiente.

¿ES POSIBLE ROMPER EL CICLO?

Como alerta Natalia Sierra, “El Estado capitalista, patriarcal, colonial tiene que reproducirse como tal, si no deja de existir, por lo tanto, sus reglas escritas y no escritas tienen que garantizar dicha reproducción. (…) Como Estado capitalista tiene que asegurar la acumulación y concentración de capital privado. (…) Como Estado patriarcal tiene que asegurar la estructura vertical de mando y obediencia, dentro de la cual el mismo aparato es el sujeto de mando frente a la sociedad, que es convertida en el objeto de obediencia. (…) (Se impone) la competencia por el reparto (y) no importa los bloques, las ideologías, las convicciones, los partidos, menos los afectos y lealtades éticas y políticas. (…) Como Estado colonial tiene que asegurar su dependencia a las directrices de la civilización y certificar todas las formas económicas, políticas, ideológicas y jurídicas que afirmen la cultura del colonizador. ” (Sierra, 2021) 

Es una ilusión creer que por asumir la Presidencia de una de las funciones del Estado y de algunas Comisiones Parlamentarias, se ha logrado transformar ese funcionamiento sistémico. Más bien habría que asumir la responsabilidad de la lucha desde adentro, desde los institucional, para develar la dominación y detener la ejecución del proyecto neoliberal, en articulación con los movimientos sociales.

Históricamente en los diversos ciclos, las fuerzas populares han actuado como soporte y apoyo de los polos modernizantes de las burguesías, y han terminado siendo desplazadas en el momento en que las nuevas fuerzas ascendentes se han consolidado. Eso sucedió en la Revolución Liberal después del asesinato de Alfaro; bajo otras formas se reprodujo en la Revolución Juliana con la entrega del poder a Isidro Ayora; Y luego, en la Gloriosa del 44, con la entrega del poder a Velasco Ibarra.

La tragedia de la izquierda ha sido el entrampamiento en la estrategia del mal menor y en el pragmatismo de acuerdos subordinados. Ahora hay condiciones para superar ese karma y abrir la otra vía. Esto depende de la capacidad de movilización social y de la coherencia de la representación política del PK. Sería necesario combinar el llamado ético de Yaku, con el impulso del Programa de la Minka por la Vida en el Parlamento. Las líneas rojas no son sólo para el Gobierno, sino también para el Bloque del PK.

Más allá de las lides parlamentarias, la política real está en la recomposición del bloque financiero-rentista, para tomar el control directo del Estado, sin intermediarios, e impulsar un programa neoliberal con el rostro humano que condicione la resistencia social. Los anuncios, la conformación del Gabinete, las continuidades con las leyes acordadas en el período de Lenin Moreno, las sentencias de liberación de los banqueros Isaías, dejan la perspectiva de que la lucha progresivamente se va a desplazar a las calles y las plazas. Allí estará la prueba para saber si la relación con el régimen en la elección de dignidades de la Asamblea fue una coincidencia o se convierte en un bloqueo de la tercera vía, de la autonomía lograda por la lucha social y por el respaldo del voto popular.

A pesar de los límites, errores, vacilaciones, confusiones, todavía es posible romper la reproducción de los “ciclos del pacto burgués-oligárquico”, mediante una línea programática y una fuerza autónoma que responda al mandato del voto popular, y actúe al mismo tiempo desde abajo y desde afuera en la movilización social. Hay que estar alertas ante el fetichismo del Estado y ante las seducciones del poder.

Bibliografía

Benjamín, W. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. (UAM, Ed., & B. Echeverría, Trad.) México: Itaca.

Bobbio, N. (1986). El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica.

Coronil, F. (2002). El Estado mágico. Naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Caracas: Nueva Sociedad.

Cueva, A. (1997). El proceso de dominación política en el Ecuador. Quito: Planeta.

Gallardo, J. (11 de Marzo de 2019). ¿Terapia de shock o gradualismo? Obtenido de ecuadorlibre.org: https://www.ecuadorlibre.org/post/gradualismo-ineficiente

Larrea, C. (2021). La nueva geografía del voto en el Ecuador. Universidad Andina Simón Bolívar, Área Académica de Ambiente y Sustentatibilidad, Quito.

Sierra, N. (19 de Mayo de 2021). La perversión estatal: cambiar todo para que no cambie nada. Obtenido de Línea de fuego: https://lalineadefuego.info/2021/05/19/la-perversion-estatal-cambiar-todo-para-que-no-cambie-nada/

Zavaleta, R. (2006). Formas de operar del Estado en América Latina (bonapartismo, populismo, autoritarismo). En M. Ibargüen, & N. De los Ríos, René Zavaleta Mercado. Ensayos, testimonios y re-visiones (págs. 33-54). Argentina: Miño y Dávila Editores.

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Comuna-Ecuador

Por Napoleón Saltos Galarza

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