Por: Mónica Pastrano

La industrialización dio nacimiento a las ciudades y con ello a una nueva sociedad; 193 ciudades son reconocidas por las Naciones Unidas y más del 55% de la población mundial vive en esas urbes, lo que indica que el mundo es cada vez más urbanizado.

Club de Leones

Los millones de personas que viven en las ciudades tienden inconscientemente a reproducir una forma de vida homogenizada que busca satisfacer las necesidades básicas por medio del consumo, así también, a reproducir una forma uniforme de relacionamiento que en general se asienta en un modo de vida individual, privado y carente de vida comunitaria con los otros.

Las ciudades desde su origen reflejaron desorden y segregación espacial, por eso encontramos urbes divididas en sectores para gente rica y sectores para gente pobre; el caos y el desorden si bien en sus inicios se daba en torno a la ubicación y crecimiento de la industria (fábricas) en la actualidad ese caos y desorden pareciera que se debe a que las ciudades, dejaron de ser ciudades para convertirse en grandes aglomeraciones urbanas con enormes problemas estructurales propios del sistema capitalista.

En ese contexto hoy por hoy producto del surgimiento de una pandemia mundial que obligó al mundo a recluirse en las cuevas de cemento y abandonar el espacio público donde se realizaba la mayor interacción social, las ciudades han sido las más golpeadas; el aislamiento social rompió con la interacción entre las personas,  las paralizó y convirtió al espacio público en un espacio vedado, estigmatizado y restringido para sus ciudadanos. Para el filósofo surcoreano Byung- Chul Han  “el virus nos aísla y nos individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia…” y bajo esa premisa la condición de las relaciones humanas en las ciudades se agrava.

Es imperativo empezar a soñar, confiar y concretar que tras del quédate en casa se empieza a gestar en cada persona la necesidad de repensar ¿Cómo deberá ser su ciudad tras el coronavirus?;

Sin tratar de convertir en un recetario de ideas tendríamos que empezar primero convencidos que es necesario dar una forma nueva de ciudad en su economía, en su liderazgo político, en el mundo de las relaciones entre humanos y de los humanos con la naturaleza y el medioambiente, en el uso de las tecnologías en la cultura, el arte, en el empoderamiento del ciudadano, pero sobre todo en disminuir la desigualdad social, económica y urbana.

El ciudadano deberá estar convencido que cada acción y decisión individual realizada en lo cotidiano es generadora de cambio y que la suma de los cambios individuales cuando pasan a ser sentires colectivos potencian grandes transformaciones, finalmente es esencial retornar a lo local, a generar el vínculo con el vecino, la comunidad, crear un arraigo territorial, una autonomía barrial comunitaria, un autogobierno, revalorizando la cultura, fomentando la  formación y educación a su propios vecinos, revitalizando los vínculos familia – comunidad y promocionando procesos de comercialización interna justos, amigables con la vida y como alternativa al gran mercado y al consumo.

No es fácil plantear desde dónde partir porque la vida es un sistema que hay que abordarlo  en su integridad, sin embargo,  son nuestras aspiraciones de cambio,  nuestras coincidencias ideológicas y de sentires las que nos marcarán los cómos para empezar hacer un nuevo camino o caminos para no volver a la “normalidad”.

Facilitadora - Educadora, Militante por la vida y la libertad.

Por Monica Pastrano

Facilitadora - Educadora, Militante por la vida y la libertad.